ZZH coupling : A probe to the origin of EWSB ?
Choudhury, Debajyoti
2003-02-17
Creator
Contributor
Date
2006
Description
Presentado en el Congreso Internacional “Alianza de Civilizaciones. Buscando caminos hacia la Paz Mundial”, Centro Islámico de Valencia, 9 de julio de 2006.
Las ideas centrales de este trabajo se pueden resumir en tres puntos: 1.- Antes que nada, es preciso reconocer que la xenofobia, el rechazo del diferente, es normal ya que es normal la percepción del diferente como un peligro que el instinto de conservación aconseja que se rechace, evite o destruya sin perder el tiempo intentando comprenderlo. 2.- La comprensión del diferente es una respuesta igualmente normal, más elaborada y “civilizada” que la anterior que es común con los demás animales, pero tiene sus dificultades. 3.- En todo caso, la comprensión del diferente no lo resuelve todo ya que hay factores externos a la comprensión que tienen que ser abordados.
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Para comprender al diferente1
José María Tortosa Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz
Universidad de Alicante Las ideas centrales de este trabajo se pueden resumir en tres puntos: 1.- Antes que nada, es preciso reconocer que la xenofobia, el rechazo del diferente, es normal ya que es normal la percepción del diferente como un peligro que el instinto de conservación aconseja que se rechace, evite o destruya sin perder el tiempo intentando comprenderlo. 2.- La comprensión del diferente es una respuesta igualmente normal, más elaborada y “civilizada” que la anterior que es común con los demás animales, pero tiene sus dificultades. 3.- En todo caso, la comprensión del diferente no lo resuelve todo ya que hay factores externos a la comprensión que tienen que ser abordados. 1.- La reacción de rechazo ante el diferente Ahora sabemos que la reacción del cerebro ante el estímulo es inmediata cuando se trata de supervivencia y se produce en una parte del cerebro llamada amígdala. Después es evaluada y, eventualmente, corregida por la reflexión que se sitúa en el neocórtex2. Buena parte del material producido desde esa perspectiva de interacción está muy lejos del viejo biologismo como lo está del sociologismo. Aplicándolo a la cuestión de la xenofobia, que es uno de los opuestos de comprender al diferente, se pueden ver las complicadas relaciones entre sociedad y cerebro. Resulta que el lugar del cerebro donde se reflejan los miedos y, sobre todo, los que tienen que ver con la defensa propia es, en efecto, la amígdala y ésta se activa cuando se ve a alguien diferente cuyo comportamiento no podemos predecir precisamente porque es diferente. Sucede con la reacción de desconfianza ante otras “razas”. Hasta ahí, ningún problema. Ya se sabía que la xenofobia es un reflejo que tienen los animales cuyo instinto de supervivencia les produce ese rechazo que puede ser agresivo. Es de animales, en efecto, el “ataque preventivo” tal y como lo conocemos. En ese contexto, y para lo que aquí nos ocupa, se descubre que, cuando se trata de gente “diferente”, ese lugar del cerebro que reacciona ante la amenaza, no es tan activo si el individuo ha viajado y ha conocido ya a distintos “diferentes”. Con el mismo procedimiento de mostrar de manera muy rápida fotografías de varios “diferentes” y ver si la amígdala reaccionaba más o menos o nada, se compararon los resultados de las personas que tendían a ver a los demás como parte de categorías generales y los que tienden a verlos como individuos únicos e irrepetibles. Lo fascinante es que los segundos tenían una menor reacción en la amígdala que los primeros cuando se les presentaban las fotos de “diferentes” y en consecuencia potencialmente amenazantes al no
1 Presentado en el Congreso Internacional “Alianza de civilizaciones. Buscando caminos hacia la Paz Mundial”, Centro Islámico de Valencia, 9 de julio de 2006. 2 Benjamin Libet, Mind Time: The temporal factor in consciousness, Cambridge y Londres, Harvard University Press, 2004.
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poder predecir su comportamiento3. Es igualmente sugestivo saber que la actividad de la amígdala ante personas de otra “raza” se debe más al contexto cultural del individuo que a lo diferente que pueda ser. Así, en un contexto caracterizado por fuerte presencia del racismo, algunos negros reaccionaban de la misma forma que los blancos ante las fotografías de negros, estigmatizados en dicha sociedad4. Véase qué sucede con la presentación de los datos de una misma fuente e imagínese a qué tipo de percepción del diferente está produciendo cada una de ellas. Se trata de cómo presentaron los resultados de un Barómetro del Real Instituto Elcano dos periódicos de referencia5. El primero, ABC, titulaba “El 68% de los españoles ven ‘violentos’ a los países musulmanes, y el 79%, ‘intolerantes’” y subtitulaba “Siete de cada diez ciudadanos temen que se esté produciendo un ‘choque de civilizaciones’”6. El País, por su parte, titulaba “El 61% de los españoles apoya la ‘Alianza de Civilizaciones’” y subtitulaba con “Un 57% critica la publicación de caricaturas sobre Mahoma, según el Instituto Elcano”. Dejando la anécdota, existen por lo menos dos formas extremas de definir el problema de la xenofobia, del rechazo del diferente, que se presentan a continuación tomando como hilo conductor el caso extremo de rechazo del “otro” que es la guerra. En los últimos 5.000 años parece que la especie ha dedicado más tiempo a la paz que a la guerra. Es la llamada “paz imperfecta”7. Sin embargo, ese mayor tiempo sin guerra no ha estado exento de conflictos, situaciones de opresión o marginación y pulsiones de codicia y ambiciones personales y, tal vez, colectivas. Estos factores han llevado a frustraciones que han producido un aumento de agresividad y que se han resuelto en guerra, guerra civil o violencias más o menos difusas. En estos procesos ha sido frecuente, cuando no determinante, el que los líderes políticos hayan arrastrado a sus pueblos a esos combates por ambición territorial o por proyección hacia el exterior de las contradicciones domésticas. Una versión alternativa sería la siguiente: la guerra es una institución cultural que, como tal, reside en las mentes de los humanos que creen que ésa es la mejor forma de afrontar algunas cuestiones frente a los “otros”, los “diferentes”, y que debe ser promovida con términos gloriosos, heroicos, las más de las veces viriles y en muchos casos religiosos. Estas dos posturas llevan a sendas iniciativas para evitar la guerra. Unos, llamémosles “materialistas”, propondrán la democracia (con fortalecimiento del Estado y lucha contra la corrupción), el respeto a los derechos humanos, el desarme (con particular atención al comercio de armas cortas) y un desarrollo como lucha no sólo contra la pobreza o el hambre, sino también contra las desigualdades. Esta perspectiva había recibido la atención del Banco Mundial y ha tenido dos ejemplos recientes: el capítulo 5 (“Conflicto violento: identificar la
3 Matthew D. Lieberman y J.H. Pfeifer, “The self and social perception: Three kinds of questions in social cognitive neuroscience”, en Cognitive neuroscience of emotional and social behavior, A. Easton y N. Emery eds., Filadelfia, Psychology Press, 2005. 4 Matthew D. Lieberman y otros, “An fMRI investigation of race-related amygdala in African-American and Caucasian-American individuals”, Nature Neuroscience, VIII, 6 (2005) 720-722. 5 ABC y El País, ambos a 19 de abril de 2006. 6 En el cuerpo de la noticia se hacía saber que el porcentaje era del 74 por ciento y se añadían las matizaciones que los especialistas del Real Instituto Elcano hacían al respecto. 7 VV.AA., La paz imperfecta, F. Muñoz ed., Granada, Universidad de Granada, 2001.; Francisco Muñoz, “La paz”, en VV.AA., Manual de Paz y Conflictos, B. Molina Rueda y F.A. Muñoz eds., Granada, Universidad de Granada, 2004, cap. 1.
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verdadera amenaza”) del Informe sobre el desarrollo humano 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Informe sobre la situación social en el mundo 2005: el dilema de la desigualdad de las Naciones Unidas, en su capítulo IV (“Desigualdades e integración social”). La propuesta de los segundos, que podrían ser llamados “idealistas”, sería otra: si la guerra está en las mentes, hay que sustituirla ahí mismo por la paz, según se afirmaba ya en la “Declaración de Sevilla sobre la violencia” a 16 de mayo de 1986 y llevaría a la campaña de Cultura de Paz promovida desde la UNESCO. Reconociendo el papel de las ideas en las acciones humanas, su punto de apoyo está en las ideas mismas, de forma que si encontramos grupos enfrentados por sus ideas, habrá que buscar compatibilidad o entendimiento entre ellas o, si fuera posible, habrá que buscar una idea distinta que trascienda a las enfrentadas. En todo caso, el diálogo entre diferentes es la estrategia central de esta perspectiva. Estos enfoques no agotan las posibilidades de afrontar las violencias. El dominante en el mundo no ha sido ninguna de las anteriores sino que ha sido el militarista: si vis pacem, para bellum, es decir, la guerra se evita preparándose para la guerra, y la mejor forma de enfrentarse a la violencia es mediante la violencia misma o su amenaza. En general las respuestas actuales sobredimensionan esta eventualidad mientras infravaloran (o niegan) el papel de la seguridad humana, de los factores subyacentes y del “diálogo preventivo”. Quizá el ejemplo paradigmático fue el discurso del entonces Presidente español José María Aznar ante la LVIII Asamblea de Naciones Unidas: no tiene sentido preguntarse por las causas del terrorismo, diría; lo que hay que hacer es derrotarlo. En la misma dirección van los documentos firmados por el segundo presidente Bush, National Security Strategy for the United States of America, desde septiembre de 2002 a marzo de 2006 en que se reafirma la doctrina del ataque preventivo antes de que se materialice la amenaza y se desdeñan las causas sean “materialistas” o “idealistas”8 . 5.000 años de historia tendrían que haber enseñado que esta última estrategia, aislada, suele generar más muerte y destrucción. No es realista9. La mejor prueba es la ocupación de Iraq que, por ahora, ha hecho aparecer terrorismo en un país en que no lo había, ha multiplicado el “torturismo”, ha islamizado una Constitución laica, ha instalado una cultura de la violencia, ha dado pie a una guerra civil y ha elevado el número de ataques terroristas a escala mundial. Es muy probable que lo que mayor seguridad proporciona a los ciudadanos sea una mezcla de los tres enfoques (el policial-militar también), siempre suponiendo que ésa es la finalidad de la clase política y no la de lograr o mantenerse en el poder a toda costa, incluyendo la manipulación de la inseguridad para conseguirlo. Y los tres, combinados, suponen la mejor prevención. Si no hubiese intereses creados bien organizados a escala mundial, dedicaríamos mayor esfuerzo a esa prevención. Algunas situaciones, como la de Ruanda, están bien estudiadas. Sin embargo, los productores y vendedores (oficiales o contrabandistas) de armas son un grupo de presión importante y hacen olvidar que la única solución, en muchos casos, es la prevención y la única práctica preventiva es la resolución de los problemas que causan los
8 Véase George W. Bush, National Security Strategy for the U.S.A., marzo de 2006, en www.whitehouse.gov. 9 Ver Vicent Martínez Guzmán, Filosofía para hacer las paces, Barcelona, Icaria, 2001 y Vicent Martínez Guzmán, Podemos hacer las paces. Reflexiones éticas tras el 11-S y el 11-M, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2005.
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enfrentamientos. Son, en efecto, las escaladas de armamentos las que suelen terminar en enfrentamiento armado. En el siglo XX los muertos por la guerra alcanzaron una proporción, con respecto a la población total, desconocida hasta entonces. El siglo XXI amenaza con no quedarse atrás, y los efectos humanos y económicos de esas guerras son fáciles de evaluar tanto si se producen entre países de la periferia (como sucede ahora con la mayoría de guerras) como si llegan a enfrentamientos entre superpotencias por la hegemonía sobre el resto del mundo, que no otra cosa fueron las Guerras Mundiales y el particular caso de la Guerra Fría. Además, y con raíces históricas conocidas, se ha hecho evidente el papel violento peculiar asumido recientemente por lo que se podría llamar yihad salafista internacional o islamismo político radical, utilizado ahora por el fundamentalismo estadounidense para legitimar su particular “guerra contra el terrorismo”, después de haberlo utilizado directamente contra el comunismo o contra el nacionalismo árabe. Ahora bien, como muestran la Yihad Islámica en Palestina, el IRA en Irlanda y el de ETA en Euskadi, enfocar el problema como “guerra” es una de las mejores maneras de no resolverlo y más si el enfrentamiento está “desterritorializado” como sucede con los nuevos movimientos transnacionales. Pero este último problema es real y, sin duda, exige respuestas policiales-militares de seguridad, protección, colaboración entre cuerpos y entre países, infiltración, control de las finanzas y de los materiales, persecución, desmantelamiento etcétera. Sin embargo, se precisan los otros dos enfoques, además de la salvedad reiterada sobre el enfoque policial- militar: Nunca debe aplicarse violando los derechos humanos ya que, en tal caso, consigue lo contrario de lo que dice perseguir. Pero hay problemas. Por su parte, el campo de los “idealistas” los tiene si no quieren quedarse sólo en la educación para la paz y en decir que se va a comprender al diferente. En efecto, poco se puede hacer con lecturas fundamentalistas del Corán hechas por no musulmanes que encuentran allí lo que encontraría una lectura fundamentalista de la Biblia, sesgada en el mismo sentido que la anterior. Es también problemático tomar directamente las ideas religiosas cuando no son la causa del comportamiento sino el vocabulario con que se expresan los conflictos. Además, no es fácil encontrar un interlocutor, musulmán o cristiano, que represente las ideas de todo el colectivo: ni el Papa, ni la Reina de Inglaterra ni, por definición, las iglesias ortodoxas acéfalas (¡sic!) son representativos. Y lo mismo sucede con las diferentes divisiones del Islam. El lado “materialista” tiene una larga tradición en cuanto a propuestas, pero no ha ido acompañado en ningún momento por políticas reales (más allá de las retóricas como el 0,7 ó los Objetivos del Milenio) sobre desigualdad, pobreza, derechos humanos, desarme y democratización que, obviamente, tendrían que aplicarse no sólo a una parte de los implicados sino a todos y, por tanto, también a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Como sabemos que la peor manera de solucionar un problema es plantearlo de manera simplista, la búsqueda de las causas de las viejas guerras y las nuevas violencias ha de ir acompañada por el conocimiento de los objetivos que persiguen los actores implicados: no es indiferente el que unos no quieran tomar el poder y los otros quieran mantenerlo a escala mundial, que difieran en el propósito de “cambio de régimen” aplicado a países diferentes y en sentidos diferentes y que usen, unos y otros, la violencia como medio para minar la seguridad de los contrarios. Y esa violencia va más allá de la guerra. Incluye atentados, tortura, genocidios, “politicidios” y hasta mera explosión nihilista ante la frustración y el desencanto.
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2.- La incomprensión No puede negarse la existencia de fenómenos de incomprensión del “otro” en forma de xenofobia, antisemitismo (y su subespecie, el antijudaísmo), la islamofobia, el anticristianismo, el antiamericanismo o el antioccidentalismo. Son fenómenos que tienen que ver, en algunos casos, con la religión, las creencias y las diversas formas de ver las creencias diferentes de la propia. La profundidad y extensión de la piedad no son el problema. En los Estados Unidos el porcentaje de “born again” se ha mantenido casi inalterado desde 1991 en torno al 40 por ciento de los encuestados10y casi el 80 por ciento declara que la oración forma parte importante de su vida diaria11. problema empieza a plantearse cuando se entra en el terreno del fundamentalismo, es decir, en la creencia firme de que lo que dice el Libro Sagrado debe ser entendido de manera literal12. el caso, por ejemplo, de las teorías darwinistas sobre el origen de las especies y su contrapartida creacionista o del diseño inteligente. El hecho es que distintas encuestas en los Estados Unidos muestran que las creencias sobre el origen de las especies tal y como las expuso Darwin son minoritarias (en torno al 30 por ciento) frente a los que creen que la Biblia debe ser tomada en términos literales (al rededor del 60 por ciento según unos cómputos y 42 por ciento en las estimaciones mínimas)13. ero todavía no se ha planteado el problema más complicado de cara al diferente y es el integrismo, la idea según la cual lo que dice el Libro Sagrado debe convertirse en ley civil contra cualquier intento de separar la creencia religiosa y la práctica política y con independencia de que existan practicantes de otras religiones con otros códigos en su respectivo Libro y tan ciudadanos como los anteriores aunque no compartan sus creencias. Algunas encuestas dan a entender que el integrismo, por lo menos en el sentido de que los líderes religiosos deberían intentar influir en las decisiones de los gobiernos, alcanza a más de la tercera parte de la población analizada en el caso de los Estados Unidos14. problema se hace ya grave para el diferente cuando el movimiento fundamentalista e integrista consigue organizarse políticamente y acaba influyendo objetivamente en las decisiones de un gobierno que, en teoría, debería responder a las demandas de los ciudadanos que no comparten esas creencias. Ése ha sido el problema, de nuevo en los Estados Unidos, con los diferentes movimientos que, a partir del Fundamentalist Movement o de los Christian Zionists del siglo XIX se han organizado como New Religious Right, Moral Majority (después Liberty Federation), Christian Voice y, sobre todo, la Christian Coalition, aunque esta última ha tenido serios problemas recientemente y ya no puede saberse con certeza el número real de sus miembros.
10 Gallup, 2 de diciembre de 2005. 11 Diageo/The Hotline Poll llevada a cabo por Financial Dynamics, octubre de 2005. 12 Una variante más suave consiste en insistir en que no hay contradicción entre lo que dice la ciencia y lo que dice el Libro como si la ciencia y la religión pertenecieran al mismo campo epistemológico. Véase, por ejemplo, para la astronomía, Kamel Ben Salem, “The evolution of the universe: A new vision”, Pacific Journal of Science and Technology, VI, 1 (2005) 37-55 o, antes y para la arqueología, Werner Keller, Y la Biblia tenía razón, Barcelona, Omega, 1959. 13 Pew Research Center, 30 de agosto de 2005 y The Marttila Communications Group (para la Anti-Defamation League, judía), 25-30 de octubre de 2005. Los que no siguen a Darwin se dividen en dos grupos: los creacionistas -el mundo se creó según dice la Biblia- y los partidarios del diseño inteligente -pudo haber evolución pero guiada por Dios-. 14 Associated Press / Ipsos poll, junio de 2005. Entre los países estudiados, España y Francia estarían entre los que esa opinión está relativamente menos difundida (17 y 12 por ciento respectivamente). Estados Unidos con un 37 por ciento e Italia con un 30 estarían a la cabeza. En Italia se está organizando el movimiento de los teoconservadores que encaja en esta discusión. Para los Estados Unidos, véase John Sugg, “A Nation under God”, Mother Jones, diciembre 2005 - enero 2006.
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Vayan ahora algunas reflexiones sobre el islamismo político radical15 , para ser exactos, sobre el modo con que se ve el problema en países europeos y en los Estados Unidos. De entrada, puede ser engañoso el uso de la palabra fundamentalismo para referirse a este problema; lo mismo puede decirse de fundamentalismo islámico; y, con mucha más razón, de terrorismo islámico. Hay otros fundamentalismos (protestantes, católicos), la mayoría de las poblaciones árabes o musulmanas no es fundamentalista y, en todo caso, el terrorismo no es una ideología o un movimiento sino un método que no es exclusivo de una religión o de otra16. Desde esta perspectiva, es notable el reduccionismo con que en Europa y los Estados Unidos se plantea la cuestión. Preguntar por la confianza que le merece Osama ben Laden, aunque las respuestas no dejan de tener interés17, una forma de impedir la comprensión del diferente que no se reduce a Al Qaeda18, cuya historia comienza el 11-S, ni es todo “martirio” ni “fundamentalismo” ni todos pretenden lo mismo ni el único terrorismo es el llamado “terrorismo global” o “islamismo radical”19. Es, en muchos casos, parte de una determinada propaganda o publicidad masiva que, al igual que otras propagandas, acaban influyendo en las percepciones mutuas que aparecen en países de mayoría cristiana o de mayoría musulmana y donde, encuestas en la mano, el problema no es tanto el de cómo se ven unos a otros sino el de como la cuestión de los judíos media en esas percepciones20. Esas propagandas tienen, en muchos casos, un evidente componente geopolítico que no es ahora momento de desglosar21. Teniendo estas consideraciones en mente, se pueden dar algunos consejos para evitar la publicidad masiva que ayuda a no comprender al diferente y cuyos efectos sobre el fervor de amplios sectores cristianos, musulmanes y ateos hacen pensar que se trata de propaganda de guerra, ésa que obliga a alinearse con nosotros o contra nosotros, sin permitir un mínimo de racionalidad y sin aceptar ningún grado de empatía con la posición del presentado como “contrario”. Como en los tiempos del comunismo, pero con más facilidad ahora, y con la misma idea de que son los “otros” los que provocan. Se toman, como referencia, las reacciones ante las caricaturas del “Jyllands-Posten”, pero puede ser generalizado a otros conflictos relativos al “diferente”. 1.- “Keep it cool”. Lo primero que hay que hacer es tranquilizarse. Es cierto que el ardor guerrero que genera permite descargar agresividades producidas por asuntos personales que nada tienen que ver con él. Hay problemas familiares o económicos que generan frustración y, por tanto, agresividad, y a los que se les puede ofrecer un objeto distante sobre el que
15 Samir Amin, “Islam político y globalización imperialista”, La Jornada (México), 17 de octubre de 2001. 16 José María Tortosa, “La palabra terrorista”, en VV.AA., Afrontar el terrorismo, Fundación Seminario de Investigación para la Paz, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2006, págs. 31-62. 17 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 18 En el periódico El Mundo (14 de mayo de 2006) se llega a afirmar, al parecer con fundamento, que Al Qaeda, a estas alturas, funciona más como una “franquicia” (sic) que como una estructura piramidal muy organizada. 19 Un buen ejemplo de este reduccionismo es el de Alan M. Dershowitz, Why terrorism works. Understanding the threat, responding to the chellenge, Yale University Press, 2002. 20 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 21 La distribución geográfica del Islam como religión mayoritaria ha de ser relacionada con el petróleo, Israel, Turquía (OTAN y Unión Europea) y Xinjiang, provincia occidental china, petrolera, musulmana y separatista.
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descargar esos reveses de manera inocua. Cuidado con los que quieran enardecerle, sean cristianos o musulmanes. 2.- No se deje guiar por las apariencias. Las apariencias (es un lugar común) engañan y con ellas se engaña. Busque los hechos verificables. Procure situarlos en la coyuntura política danesa en pleno cambio como en otros sistemas políticos europeos cada vez más xenófobos. Tan xenófobos, en algunos casos, como algunos musulmanes. Y, por supuesto, sitúelos en las coyunturas políticas de los países árabes interesados en hacer olvidar otros asuntos internos (Egipto, Jordania, Siria, Arabia Saudita). 3.- Busque la claridad, pero desconfíe si está todo claro. El mundo es complicado y por eso la reflexión procura clarificarlo. Pero sin pasarse: cuando las cosas se ven demasiado claras es que hemos saltado de la necesaria simplificación al simplismo que tampoco explica nada. Los hechos son tozudos. El simplismo, porque moviliza más que el análisis, produce la sospecha razonable de que implica manipulación. 4.- Evite las cómodas simplificaciones del “nosotros” (buenos por definición) frente a “ellos” (casi siempre malos). El convertir lo de las caricaturas en “democracia” frente al “mundo musulmán” o en la umma frente a los Cruzados es una de ellas. Suele haber más de dos bandos. El maniqueísmo no es buen consejero para ninguno. 5.- Evite adjudicar a todo un colectivo lo que son comportamientos de una parte del mismo. Por ejemplo, por el hecho de que clérigos musulmanes y autoridades de países árabes hayan reprobado los disturbios, no piense que todos son iguales. Y, al revés, no concluya que “todos los musulmanes son iguales” a partir de la visión televisiva de actos “antioccidentales” y fanáticos. Hay maquiavelos en todos lados. 6.- Cuidado con las personalizaciones. Decir “que no venga un ayatolá a decirme que no puedo hacer tal cosa” hará que usted se emocione todavía más, pero no que usted comprenda. Ningún ayatolá va a venir a decirle nada. Encima, ha habido de todo. Según el “New York Times” algunos clérigos fundamentalistas ¡daneses! habrían recorrido el Oriente Medio enseñando caricaturas todavía peores que las originales aunque lo ahora lo niegan, mientras otros (árabes) han condenado lo desaforado de la reacción. No es tan sencillo saber quién encendió la mecha. En todo caso, no iba contra usted. 7.- Establezca una secuencia de los hechos y no empiece nunca por lo más dramático. Por ejemplo: las caricaturas provocadoras se publican en septiembre de 2005, Sharon es hospitalizado en diciembre, la victoria de Hamás en Palestina fue en enero de 2005 y entonces, y sólo entonces, comienzan las reacciones, al mismo tiempo en que George W. Bush, en su discurso sobre el Estado de la Unión, declara la guerra al “islam radical”. Pero todo esto viene de mucho más lejos. 8.- Pregúntese quién sale ganando. Condoleeza Rice dice que esto favorece a Irán y Siria. Otros dicen que favorece a Israel que controla una parte del presupuesto de la Autoridad Palestina aunque ésta depende de las donaciones de la Unión Europea en cuyos periódicos precisamente se publican esas cosas. Los que salen ganando no tienen por qué ser los provocadores iniciales, pero sí los interesados en que siga y se agrande. Insisto en que ya pasaba cuando el enemigo era el comunismo, no se olvide. Si a usted le tomaron el pelo entonces, no me vuelva a caer en las mismas.
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9.- No crea que “si lo estás viendo, es que está pasando”. Ciertas presencias de fotógrafos y cámaras son sospechosas, y 200 personas pueden ser filmadas de forma que parezcan todo un país. Y no lo son. Pregúntese “qué está pasando y no estás viendo”: así, hay iglesias cristianas en casi todo el mundo musulmán (sirios maronitas, palestinos católicos, egipcios coptos, iraquíes “new born”, paquistaníes anglicanos, kuwaitíes de diversas confesiones) aunque en mayores aprietos en Arabia Saudita, aliado de los Estados Unidos. 10.- La pasión, en su sitio. Buena para la creación artística y para la defensa de una causa, no lo es para el análisis racional de emociones y sensaciones como quería la Ilustración. Ahora bien, todo el mundo sabe que la Ilustración está superada y que ahora somos post-modernos. De todos modos, convendrá recordar que al mismo periódico danés se le propuso, en abril de 2003, publicar unas caricaturas de Jesús de Nazaret, cosa que se rechazó porque se daba por supuesto que el lector medio no iba a entender el caso. Curioso ejemplo de defensa de la libertad de expresión. El islamismo político radical, que se supone es la gran amenaza a la paz mundial, forma un conjunto muy heterogéneo y es preciso intentar entenderlo sin simplificaciones más o menos interesadas. De hecho, es frecuente recurrir al papel de las ideas religiosas en la acción social: partiendo de lecturas fundamentalistas (literales) del Corán, algunos no musulmanes encuentran en el Libro el origen del “mal musulmán”. Con independencia de que, encuesta tras encuesta, las poblaciones árabes o de países de fuerte implantación musulmana defienden y apoyan la democracia, estos hermeneutas afirman la incompatibilidad radical entre creencias musulmanes y democracia. No tiene mucho sentido tal propósito22, como tampoco lo tendría deducir de una lectura interesada de la Biblia judía o cristiana la incapacidad intrínseca del judaísmo o del cristianismo para la tolerancia, la noviolencia, la paz, la comprensión o la mansedumbre. No todos los judíos o cristianos son así, ni todos los musulmanes. Pero el origen no puede quedar reducido a las ideas religiosas transmitidas por el Kitab23. Hay casos en que el islamismo político es, en realidad, el vocabulario que encuentran disponible los descontentos con el funcionamiento de sus sociedades y de las rapiñas de sus respectivas elites y no tanto de los “cruzados”. La causa está en otro sitio, no en las ideas, por más que éstas ayuden. Viendo los casos tan heterogéneos que se han producido, parece que, además de estos factores ideales, hay que incluir algunos factores reales. La pobreza y la desigualdad no son “causa”, pero sí, por lo menos, caldo de cultivo para que aparezcan estos movimientos como se reconoce en la National Strategy for Combating Terrorism24 firmada por George W. Bush en febrero de 2003. También cuenta la inadaptación a nuevos contextos sea por poco interés propio sea por rechazo de la sociedad receptora y, ciertamente y después de la ocupación de Iraq, la reacción ante la humillación, las torturas y las profanaciones, cuando no las
22 Mahmood Mamdani, “From piety to politics”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 23 En este sentido, es ilegítimo deducir que si hay presencia de comunidades wahabitas o de madrasas financiadas por Arabia Saudita en un determinado territorio, pongamos Chiapas, ya por eso todos esos musulmanes son “terroristas” o, lo que sería todavía más discutible, los zapatistas son sospechosos de connivencia con este “terrorismo”. 24 Accesible en www.whitehouse.gov/news/releases/2003/02/counter_terrorism/counter_terrorism_strategy.pdf
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provocaciones desde fuera o las manipulaciones de los propios gobiernos árabes. Como muestra el caso a propósito de las caricaturas del “Jyllands-Posten”, reproducidas después en otros medios, no es tan sencillo atribuir una sola causa a fenómenos tan complejos ni, mucho menos, reducirla a una mera cuestión de libertad de expresión que los mismos actores no reconocen para otros asuntos25. A mayor abundamiento, las consideraciones sobre los orígenes no agotan las preguntas sobre este tipo particular de islamismo. Es legítimo preguntarse por sus posibles propósitos u objetivos. Los inicios pueden remontarse a 1996 o 1998 cuando se firmó el acuerdo del “Frente Islámico Mundial para la Yihad contra los Judíos y los Cruzados”26. El primer y más evidente objetivo es el de utilizar ese instrumento (el terrorismo es un medio, no una ideología) para influir o reaccionar en las relaciones “Norte-Sur”. No se excluye la venganza (por lo menos eso dicen los videos o mensajes por internet atribuidos a Al Qaeda o a Osama ben Laden) o la recomposición de esas relaciones sin que, por cierto, se plantee una alternativa al capitalismo. El segundo, y normalmente olvidado en el Norte, es el de influir en determinados países con mayoría islámica como Arabia Saudita, Marruecos, Pakistán, Egipto o Jordania que han sido objeto de ataques terroristas como los Estados Unidos, España o Inglaterra. Finalmente, el ataque terrorista busca el reconocimiento de la organización y funciona como una forma de lograr notoriedad y, así, ampliar sus bases sociales hoy por hoy muy minoritarias a lo que parece. 3.- La lógica de las cosas Las ideas y percepciones, como se ha venido apuntando, no existen ajenas a su contexto material. El mundo contemporáneo es un mal caldo de cultivo para comprender al diferente. Un mes antes de las elecciones italianas del 9 de abril de 2006, Umberto Eco escribía27: No hay descontento, por justificable que sea, que pueda equipararse con el temor de una involución fatal de nuestra democracia, con la indignación que siente todo demócrata sincero frente al estrago que se ha hecho con las leyes, la división de poderes, el sentido mismo del Estado. Es esto lo que todos nosotros debemos repetir a los amigos indecisos y desilusionados. De ellos y de su compromiso dependerá que Italia se libre de seguir siendo durante otros cinco años territorio de rapiña de defensores de sus intereses privados… El estrago al que se refería Eco personalizándolo en Berlusconi (que, por cierto, perdió por unos escasos 20.000 votos) no sería muy diferente del que otros observadores en otros países podrían constatar sobre su propio sistema político donde el respeto a las leyes, la división de poderes y el mismo sentido del Estado se encuentran en dificultades. En todo caso, y con independencia de estos extremos, sí son detectables, a escala mundial, casos de desencanto con la democracia que tal vez sean ya mayoritarios pues fuerte es la presión que lleva hacia
25 Es el caso del carácter delictivo que tiene en Francia, Alemania y España la mera discusión científica (empírica) sobre la existencia y alcance de la “shoah”, el holocausto de los judíos a manos nazis o el rechazo, en enero de 2003 según informó The Nation, de la publicación de caricaturas de Jesús de Nazaret en el mismo periódico danés en que se publicaron las del profeta Mahoma. 26 Raffi Khatchadourian, “Behind enemy lines”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 27 Umberto Eco, “Salvemos la democracia” en libertaegiustizia.it, con traducción al castellano accesible en www.rebelion.org/noticia.php?id=27918
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esa desilusión y que es observable por lo menos desde el llamado síndrome del 11-S28. Vayan algunos datos que toman ciudadanía en su sentido más general, preocupado menos por las formalidades de inclusión en el rango administrativo de ciudadano y sí preocupado por la relación entre el individuo y su sistema político. Se puede comenzar por la serie del Latinobarómetro. Con datos de 2005, los latinoamericanos encuestados no se muestran particularmente contentos con su democracia. Preguntados sobre su país y con la opción entre un 0 (no democrático) y un 10 (totalmente democrático), la media se encuentra en un 5,5, con algunos países claramente por encima de dicha media (Venezuela -7,6 que es la calificación más alta-, Costa Rica, Uruguay y Chile, por ese orden) y otros claramente por debajo de la misma (Perú, Nicaragua, Ecuador y Paraguay -4,2 que es la nota más baja-). Puesto en términos temporales, aunque la tendencia no es clara desde 1996 que comienzan estos Latinobarómetros, es difícil sustraerse a la impresión de que puestos en la disyuntiva entre democracia y dictadura (“La democracia es preferible a cualquier otro gobierno”, “Bajo ninguna circunstancia apoyaría a un gobierno militar”) la tendencia juega contra la democracia aunque con notables diferencias de país a país. México es el país en el que más disminuye el porcentaje de los que creen que “en determinadas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático” hasta quedar en un 13 por ciento de los encuestados mientas que el Paraguay es el país en el que más aumenta hasta alcanzar el 44 por ciento de la población. Los siete países analizados por el Pew Research Center (estudio publicado el 5 de enero de 2006) muestran algo semejante. En cuatro de ellos (Marruecos, el Líbano, Turquía, Indonesia y Jordania), son más los que creen que hay que apoyarse en gobiernos democráticos antes que en un liderazgo fuerte. En Marruecos, incluso se alcanza un 73 por ciento de favorables a un gobierno democrático. Sin embargo, en Pakistán y en Rusia sucede lo contrario: son más (53 y 66 por ciento respectivamente) los que prefieren un liderazgo fuerte antes que un gobierno democrático. No es, con sus luces y sombras29, un malestar exclusivo de algunos países latinoamericanos o árabes. Desde 1976, los Eurobarómetros hacen oscilar el porcentaje de los satisfechos con el funcionamiento de su democracia en torno al 50 por ciento aunque con baches, en los años 90, en los que se ha bajado del 40 por ciento. También aquí hay diferencias entre países (en Italia aparecen porcentajes de satisfacción que llegan a un mínimo del 10 por ciento aunque, a pesar de lo dicho por Eco, recuperándose en los últimos años) e incluso dentro de países como es el caso de la unificada Alemania en la que el porcentaje de satisfechos con la democracia es sensiblemente mayor en el territorio de la antigua Alemania Federal que en la antigua Alemania del Este. La situación española tampoco es excepcional. En el barómetro 2.633 de enero de 2006 el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntaba qué dos clases de sentimientos le inspiraba principalmente la política al entrevistado. Las respuestas eran inequívocas: el
28 José María Tortosa, “Elementos fascistas en el síndrome del ’11 de septiembre’”, Sistema (Madrid), 167 (2002) 41-55. 29 Véase Aníbal Quijano, “El laberinto de América Latina: ¿Hay otras salidas?”, Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, X, 1 (2004) 75-97.
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entusiasmo, el compromiso y el interés por la política, no alcanzaban a la cuarta parte de los entrevistados frente a un 30 por ciento al que la política produce desconfianza, 15 por ciento aburrimiento, 18 indiferencia e incluso, en casi un 8 por ciento, irritación. Los Estados Unidos no están exentos de problemas30. Un estudio de Harris Interactive (publicado el 2 de marzo de 2006) mostraba bien a las claras en quiénes confiaban los estadounidenses entrevistados: en los últimos 6 años, el Congreso y el ejecutivo federal se encontraban entre los puestos más bajos mientras que el máximo de confianza lo obtenía el ejército. Pero, en todo caso, con clara tendencia decreciente incluso para el ejército que, aunque en 2006 alcanzaba la confianza del 47 por ciento de los encuestados, se encontraba bien lejos del 71 por ciento que había alcanzado en 2002. La Casa Blanca obtenía la confianza del 25 por ciento de los entrevistados (el Congreso del 10 por ciento), la mitad de lo obtenido en 2002. Por seguir con el caso de los Estados Unidos (pero aplicable a muchos otros, por no decir a todos) está el grado de engaño al que los gobernantes someten a sus ciudadanos y que éstos aceptan gracias a la ayuda de los medios de comunicación de masas. Tal vez el caso más evidente sea el porcentaje excesivamente alto de estadounidenses que todavía cree que Sadam Husein tenia armas de destrucción masiva (26 % en diciembre de 2005, habiéndose reducido desde el 41 % que lo llegó a opinar en octubre de 2004), el 41 % que todavía creía que Husein tenía lazos con Al Qaeda y el 24 % que creía que varios secuestradores del ataque del 11-S eran iraquíes (24 % en diciembre de 2005, pero 44 por ciento en febrero de ese mismo año)31. Las encuestas hechas a soldados estadounidenses ocupando Iraq sobre el por qué se encuentran en el país eran también reveladoras32: Un 93 % afirmaba que no era por la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, pero un 85 % decía que era como “represalia por el papel de Sadam Husein en el 11-S”, un 77 % que se trataba de “detener la ayuda de Sadam a Al Qaeda en Iraq” y ya, en porcentajes mejores, que se trataba de “establecer una democracia que pueda ser un modelo para el mundo árabe” (24 %), asegurar el abastecimiento de petróleo (11 %) y proporcionar bases a largo plazo para las tropas estadounidenses en la región (6 %). El desencanto con la democracia parece que guarda una relación, como sugiere Umberto Eco, con el nivel de corrupción que los ciudadanos perciben en su vida cotidiana y en sus medios de comunicación. No se trata, obviamente, del muy discutible “índice de (percepción de la) corrupción” que publicita todos los años Transparencia Internacional y del que hay abundantes motivos para dudar. En todo caso, no es un índice de corrupción como parecen suponer algunos informes sino de percepción, desde fuera, de la corrupción, con las más que probables secuelas de profecía que se autorrealiza y con los evidentes errores al comparar las pequeñas corrupciones (“mordidas”) con la corrupción generalizada utilizando el gobierno federal como se sabe sucede en los países enriquecidos y, en concreto, en los Estados
30 Véase José María Tortosa, Democracia made in USA. Un modelo político en cuestión, Barcelona, Icaria, 2004. No deja de ser curioso que los gobiernos de países árabes más cercanos al gobierno de los Estados Unidos se encuentren, en muchos casos, entre los menos democráticos, como es el caso de la Unión de Emiratos Árabes, Arabia Saudita o Kuwait. 31 The Harris Poll, difundido el 29 de diciembre de 2005. 32 Le Moyne College/Zogby Poll, publicada el 28 de febrero de 2006.
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Unidos33 y los supuestos “índices” no reflejan34. Tal vez, diga lo que diga Transparencia Internacional y su supuesto y poco fiable “índice de (percepción de la) corrupción”, el porcentaje de gente que practica la corrupción sea mayor en Cuba, según denuncia Fidel Castro, que en los Estados Unidos, pero el porcentaje de dinero corrupto sobre el Producto Interno Bruto es, casi con certeza, menor. El nivel de corrupción empresarial es, realmente, considerable en los Estados Unidos siendo visibles y bien documentados los logros de contratos gubernamentales sin licitación, abusivos y sin control además de la corrupción convencional (venta de favores políticos a cambio de dinero) con casos como Abramoff, DeLay o las empresas de los actuales gobernantes que empequeñecen las mini-corrupciones de otros países. Aquello sí que es “business politics”, política de los negocios. Este asunto tiene particular trascendencia para el siguiente tema: de hecho, en el estudio “Recursos mundiales 2006: La riqueza del pobre” resultado conjunto del PNUMA, PNUD, BM e IRM, quedaba claro que a escala de la comunidad, los pobres consideraban mucho más eficaces a las organizaciones propias, a las instituciones religiosas y a las ONG muy por encima de Ayuntamientos y Ministerios que recibían los porcentajes más altos de respuestas en el sentido de considerarlos menos eficaces. Si todo esto es así, la emergencia de partidos antidemocráticos y xenófobos es comprensible. Mucho más si la “crisis de las democracias” va acompañada de pobreza y violencia. Para no llamarse a engaño, conviene percatarse de que el discurso sobre el desarrollo, dominante en los años 60-70, ha ido disminuyendo, siendo sustituido primero por “cooperación al desarrollo”, después por “cooperación” tout court o también “ayudas” y, al ver que ésta tampoco funcionaba, fue sustituida por “lucha contra la pobreza” para terminar, en muchos casos, en una sencilla y técnica “lucha contra el hambre” que no pone en cuestión los mecanismos que la producen y se queda en la De subventione pauperun sive de humanis necessitatibus (1526) de Luís Vives. Los mapas de la pobreza son bastante coherentes si ponemos en el gráfico la población que vive con menos del equivalente a 2 dólares USA al día que es una de las medidas que usa el Banco Mundial, el porcentaje de población subnutrida según la FAO o el consumo insuficiente de calorías por persona y día que también calcula la FAO. Sobrealimentados y con problemas de sobrepeso en un lado y muerte por hambre en el otro. Es difícil saber si estas cifras han aumentado o disminuido en los últimos tiempos. Son, obviamente, datos de difícil logro y pueden ser manipulados interesadamente de maneras muy distintas. Tomando los datos del Banco Mundial como buenos (cosa que, hay que insistir, produce muchas reticencias), sí parece que ha aumentado el número absoluto de personas que no llega al equivalente a los 2 dólares USA al día (a paridad de poder adquisitivo, que es donde reside una de las dificultades del cálculo). Entre 1991 y 2001 -último dato ofrecido por el Banco- el porcentaje habría disminuido (en todo caso, estaríamos hablando de más del 50 por ciento), pero la cifra absoluta habría aumentado. Visto este contexto, no tendría que 33 Algunos ejemplos al azar y de medios diferentes: Mark Rice-Oxley, “Why graft thrives in postconflict zones”, The Christian Science Monitor, 17 de marzo de 2005; Craig S. Smith, “Poor planning and corruption hobble the rebuilding of Iraq”, The New York Times, 17 de septiembre de 2005; Richard Cohen, “Culture of intellectual corruption”, The Washington Post, 9 de marzo de 2006. 34 Véase VV.AA., Vicios públicos. Poder y corrupción, Óscar Ugarteche comp., México, Fondo de Cultura Económica, 2005 y, en particular, la contribución de Miguel Ángel Mateo, “Corrupción política. Enfoques y desenfoques desde la cultura, la economía y la propia política”, págs. 307-328.
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extrañar que tuviese efectos sobre los niveles de violencia en el mundo. Sin embargo no es exactamente así. Es cierto que la violencia, medida como tasa de homicidios por 100.000 habitantes, y con las anomalías de algunos sucesos puntuales como Lesoto en 1976 y Ruanda en 1994, parece haber iniciado un ligero ascenso en los últimos 10 años, con claras diferencias por regiones y, en particular, con aumentos más claros si se separan las tasas de los países centrales y las de los periféricos, siendo el aumento en estos últimos mucho más claro, lo cual ya tendría que llamar a reflexión. También es cierto que, si se trata de número de muertes en conflictos armados o porcentaje de las mismas sobre el total de la población mundial, el incremento que supuso el siglo XX sobre los anteriores es ciertamente visible. El Informe sobre el Desarrollo Humano 2005, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se encargaba de documentarlo. El siglo XX habría producido casi 10 veces más muertos que el siglo XIX (109 millones según esos cálculos) y su porcentaje habría ascendido a más del 4 por ciento frente al 1,6 que había supuesto el siglo XIX, con el agravante de que, progresivamente, las guerras han tenido cada vez más víctimas civiles (niños y mujeres sobre todo). Sin embargo, la mayoría de intentos de cuantificar las tendencias generales en lo que se refiere a conflictos violentos o conflictos por la autodeterminación, dan, partiendo de 1950, un paulatino incremento en todas las variables consideradas, cosa que deja de suceder a partir de los años 90, en torno a los avatares de la Unión Soviética (1989, caída del Muro del Berlín; 1991 colapso del PCUS y, con él, de la Unión Soviética). Curiosamente, lo mismo se podía decir a propósito de los ataques terroristas documentados por el estadounidense “National Counterterrorism Center”: con un máximo en 1987 y un segundo puesto para 1991, es difícil sustraerse a la impresión de que los ataques terroristas estaban disminuyendo incluso contando hechos extremos, publicitados y de dudosa catalogación como el 11 de septiembre de 2001. De todas maneras, parece ser que algo ha cambiado, como ya se ha dicho. Según los cálculos del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, en 2003 habría habido 172 ataques significativos a escala mundial... pero 655 en 2004 y 11.111 en 2005. Es decir, que la invasión de Afganistán primero y la ocupación de Iraq después habrían sido un detonante para un aumento de violencia de tipo terrorista hasta alcanzar los niveles más altos que la publicación había obtenido históricamente. No toda la opinión pública conocida estaría igualmente de acuerdo con estos propósitos. Entre los 36 países estudiados para World Public Opinion con datos publicados el 27 de febrero de 2006, México destacaba por tener el mayor porcentaje de los que pensaban que la ocupación de no había influido en el aumento de ataques terroristas. Le seguían, a mucha distancia, los Estados Unidos, Brasil, Canadá y Rusia. Egipto, la China y Corea del Sur presentaban mayores porcentajes de gente que opinaba que sí había influido. Nigeria, Tanzania y Kenia, por su parte, daban porcentajes relativamente más altos en el sentido de opinar que la guerra de Iraq había influido en la disminución del terrorismo. La lógica de las cosas o, si se prefiere, el enfoque “materialista” sobre el problema de la xenofobia, tiene que incluir un último elemento que favorece la incomprensión del diferente y
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es el fenómeno, a escala mundial, de unas clases medias menguantes y asustadas35. Sus frustraciones, inseguridades y temores son un caldo de cultivo para la manipulación de su potencial xenófobo. Cierto que lo que se haga por fomentar la comprensión del diferente, según la perspectiva “idealista”, será, desde el punto de vista de la convivencia pacífica, mejor que si no se hace. Pero estos intentos por comprender serán poco eficaces si no van acompañados por intentos, igualmente decididos, de afrontar las cuestiones no sólo de la ciudadanía, la pobreza o la violencia sino, sobre todo, los efectos que sobre las clases medias está teniendo, sin ir más lejos, en ambas orillas del Mediterráneo y en ambas orillas del Atlántico.
35 Véase José María Tortosa, “De nuevo el nuevo (des)orden mundial”, VV.AA., Agenda de la globalización. Problemas, Francisco Jarauta ed., Foro de la Mundialización, Murcia, Fundación Cajamurcia, 2005, págs. 15-47.Para comprender al diferente1
José María Tortosa Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz
Universidad de Alicante Las ideas centrales de este trabajo se pueden resumir en tres puntos: 1.- Antes que nada, es preciso reconocer que la xenofobia, el rechazo del diferente, es normal ya que es normal la percepción del diferente como un peligro que el instinto de conservación aconseja que se rechace, evite o destruya sin perder el tiempo intentando comprenderlo. 2.- La comprensión del diferente es una respuesta igualmente normal, más elaborada y “civilizada” que la anterior que es común con los demás animales, pero tiene sus dificultades. 3.- En todo caso, la comprensión del diferente no lo resuelve todo ya que hay factores externos a la comprensión que tienen que ser abordados. 1.- La reacción de rechazo ante el diferente Ahora sabemos que la reacción del cerebro ante el estímulo es inmediata cuando se trata de supervivencia y se produce en una parte del cerebro llamada amígdala. Después es evaluada y, eventualmente, corregida por la reflexión que se sitúa en el neocórtex2. Buena parte del material producido desde esa perspectiva de interacción está muy lejos del viejo biologismo como lo está del sociologismo. Aplicándolo a la cuestión de la xenofobia, que es uno de los opuestos de comprender al diferente, se pueden ver las complicadas relaciones entre sociedad y cerebro. Resulta que el lugar del cerebro donde se reflejan los miedos y, sobre todo, los que tienen que ver con la defensa propia es, en efecto, la amígdala y ésta se activa cuando se ve a alguien diferente cuyo comportamiento no podemos predecir precisamente porque es diferente. Sucede con la reacción de desconfianza ante otras “razas”. Hasta ahí, ningún problema. Ya se sabía que la xenofobia es un reflejo que tienen los animales cuyo instinto de supervivencia les produce ese rechazo que puede ser agresivo. Es de animales, en efecto, el “ataque preventivo” tal y como lo conocemos. En ese contexto, y para lo que aquí nos ocupa, se descubre que, cuando se trata de gente “diferente”, ese lugar del cerebro que reacciona ante la amenaza, no es tan activo si el individuo ha viajado y ha conocido ya a distintos “diferentes”. Con el mismo procedimiento de mostrar de manera muy rápida fotografías de varios “diferentes” y ver si la amígdala reaccionaba más o menos o nada, se compararon los resultados de las personas que tendían a ver a los demás como parte de categorías generales y los que tienden a verlos como individuos únicos e irrepetibles. Lo fascinante es que los segundos tenían una menor reacción en la amígdala que los primeros cuando se les presentaban las fotos de “diferentes” y en consecuencia potencialmente amenazantes al no
1 Presentado en el Congreso Internacional “Alianza de civilizaciones. Buscando caminos hacia la Paz Mundial”, Centro Islámico de Valencia, 9 de julio de 2006. 2 Benjamin Libet, Mind Time: The temporal factor in consciousness, Cambridge y Londres, Harvard University Press, 2004.
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poder predecir su comportamiento3. Es igualmente sugestivo saber que la actividad de la amígdala ante personas de otra “raza” se debe más al contexto cultural del individuo que a lo diferente que pueda ser. Así, en un contexto caracterizado por fuerte presencia del racismo, algunos negros reaccionaban de la misma forma que los blancos ante las fotografías de negros, estigmatizados en dicha sociedad4. Véase qué sucede con la presentación de los datos de una misma fuente e imagínese a qué tipo de percepción del diferente está produciendo cada una de ellas. Se trata de cómo presentaron los resultados de un Barómetro del Real Instituto Elcano dos periódicos de referencia5. El primero, ABC, titulaba “El 68% de los españoles ven ‘violentos’ a los países musulmanes, y el 79%, ‘intolerantes’” y subtitulaba “Siete de cada diez ciudadanos temen que se esté produciendo un ‘choque de civilizaciones’”6. El País, por su parte, titulaba “El 61% de los españoles apoya la ‘Alianza de Civilizaciones’” y subtitulaba con “Un 57% critica la publicación de caricaturas sobre Mahoma, según el Instituto Elcano”. Dejando la anécdota, existen por lo menos dos formas extremas de definir el problema de la xenofobia, del rechazo del diferente, que se presentan a continuación tomando como hilo conductor el caso extremo de rechazo del “otro” que es la guerra. En los últimos 5.000 años parece que la especie ha dedicado más tiempo a la paz que a la guerra. Es la llamada “paz imperfecta”7. Sin embargo, ese mayor tiempo sin guerra no ha estado exento de conflictos, situaciones de opresión o marginación y pulsiones de codicia y ambiciones personales y, tal vez, colectivas. Estos factores han llevado a frustraciones que han producido un aumento de agresividad y que se han resuelto en guerra, guerra civil o violencias más o menos difusas. En estos procesos ha sido frecuente, cuando no determinante, el que los líderes políticos hayan arrastrado a sus pueblos a esos combates por ambición territorial o por proyección hacia el exterior de las contradicciones domésticas. Una versión alternativa sería la siguiente: la guerra es una institución cultural que, como tal, reside en las mentes de los humanos que creen que ésa es la mejor forma de afrontar algunas cuestiones frente a los “otros”, los “diferentes”, y que debe ser promovida con términos gloriosos, heroicos, las más de las veces viriles y en muchos casos religiosos. Estas dos posturas llevan a sendas iniciativas para evitar la guerra. Unos, llamémosles “materialistas”, propondrán la democracia (con fortalecimiento del Estado y lucha contra la corrupción), el respeto a los derechos humanos, el desarme (con particular atención al comercio de armas cortas) y un desarrollo como lucha no sólo contra la pobreza o el hambre, sino también contra las desigualdades. Esta perspectiva había recibido la atención del Banco Mundial y ha tenido dos ejemplos recientes: el capítulo 5 (“Conflicto violento: identificar la
3 Matthew D. Lieberman y J.H. Pfeifer, “The self and social perception: Three kinds of questions in social cognitive neuroscience”, en Cognitive neuroscience of emotional and social behavior, A. Easton y N. Emery eds., Filadelfia, Psychology Press, 2005. 4 Matthew D. Lieberman y otros, “An fMRI investigation of race-related amygdala in African-American and Caucasian-American individuals”, Nature Neuroscience, VIII, 6 (2005) 720-722. 5 ABC y El País, ambos a 19 de abril de 2006. 6 En el cuerpo de la noticia se hacía saber que el porcentaje era del 74 por ciento y se añadían las matizaciones que los especialistas del Real Instituto Elcano hacían al respecto. 7 VV.AA., La paz imperfecta, F. Muñoz ed., Granada, Universidad de Granada, 2001.; Francisco Muñoz, “La paz”, en VV.AA., Manual de Paz y Conflictos, B. Molina Rueda y F.A. Muñoz eds., Granada, Universidad de Granada, 2004, cap. 1.
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verdadera amenaza”) del Informe sobre el desarrollo humano 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Informe sobre la situación social en el mundo 2005: el dilema de la desigualdad de las Naciones Unidas, en su capítulo IV (“Desigualdades e integración social”). La propuesta de los segundos, que podrían ser llamados “idealistas”, sería otra: si la guerra está en las mentes, hay que sustituirla ahí mismo por la paz, según se afirmaba ya en la “Declaración de Sevilla sobre la violencia” a 16 de mayo de 1986 y llevaría a la campaña de Cultura de Paz promovida desde la UNESCO. Reconociendo el papel de las ideas en las acciones humanas, su punto de apoyo está en las ideas mismas, de forma que si encontramos grupos enfrentados por sus ideas, habrá que buscar compatibilidad o entendimiento entre ellas o, si fuera posible, habrá que buscar una idea distinta que trascienda a las enfrentadas. En todo caso, el diálogo entre diferentes es la estrategia central de esta perspectiva. Estos enfoques no agotan las posibilidades de afrontar las violencias. El dominante en el mundo no ha sido ninguna de las anteriores sino que ha sido el militarista: si vis pacem, para bellum, es decir, la guerra se evita preparándose para la guerra, y la mejor forma de enfrentarse a la violencia es mediante la violencia misma o su amenaza. En general las respuestas actuales sobredimensionan esta eventualidad mientras infravaloran (o niegan) el papel de la seguridad humana, de los factores subyacentes y del “diálogo preventivo”. Quizá el ejemplo paradigmático fue el discurso del entonces Presidente español José María Aznar ante la LVIII Asamblea de Naciones Unidas: no tiene sentido preguntarse por las causas del terrorismo, diría; lo que hay que hacer es derrotarlo. En la misma dirección van los documentos firmados por el segundo presidente Bush, National Security Strategy for the United States of America, desde septiembre de 2002 a marzo de 2006 en que se reafirma la doctrina del ataque preventivo antes de que se materialice la amenaza y se desdeñan las causas sean “materialistas” o “idealistas”8 . 5.000 años de historia tendrían que haber enseñado que esta última estrategia, aislada, suele generar más muerte y destrucción. No es realista9. La mejor prueba es la ocupación de Iraq que, por ahora, ha hecho aparecer terrorismo en un país en que no lo había, ha multiplicado el “torturismo”, ha islamizado una Constitución laica, ha instalado una cultura de la violencia, ha dado pie a una guerra civil y ha elevado el número de ataques terroristas a escala mundial. Es muy probable que lo que mayor seguridad proporciona a los ciudadanos sea una mezcla de los tres enfoques (el policial-militar también), siempre suponiendo que ésa es la finalidad de la clase política y no la de lograr o mantenerse en el poder a toda costa, incluyendo la manipulación de la inseguridad para conseguirlo. Y los tres, combinados, suponen la mejor prevención. Si no hubiese intereses creados bien organizados a escala mundial, dedicaríamos mayor esfuerzo a esa prevención. Algunas situaciones, como la de Ruanda, están bien estudiadas. Sin embargo, los productores y vendedores (oficiales o contrabandistas) de armas son un grupo de presión importante y hacen olvidar que la única solución, en muchos casos, es la prevención y la única práctica preventiva es la resolución de los problemas que causan los
8 Véase George W. Bush, National Security Strategy for the U.S.A., marzo de 2006, en www.whitehouse.gov. 9 Ver Vicent Martínez Guzmán, Filosofía para hacer las paces, Barcelona, Icaria, 2001 y Vicent Martínez Guzmán, Podemos hacer las paces. Reflexiones éticas tras el 11-S y el 11-M, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2005.
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enfrentamientos. Son, en efecto, las escaladas de armamentos las que suelen terminar en enfrentamiento armado. En el siglo XX los muertos por la guerra alcanzaron una proporción, con respecto a la población total, desconocida hasta entonces. El siglo XXI amenaza con no quedarse atrás, y los efectos humanos y económicos de esas guerras son fáciles de evaluar tanto si se producen entre países de la periferia (como sucede ahora con la mayoría de guerras) como si llegan a enfrentamientos entre superpotencias por la hegemonía sobre el resto del mundo, que no otra cosa fueron las Guerras Mundiales y el particular caso de la Guerra Fría. Además, y con raíces históricas conocidas, se ha hecho evidente el papel violento peculiar asumido recientemente por lo que se podría llamar yihad salafista internacional o islamismo político radical, utilizado ahora por el fundamentalismo estadounidense para legitimar su particular “guerra contra el terrorismo”, después de haberlo utilizado directamente contra el comunismo o contra el nacionalismo árabe. Ahora bien, como muestran la Yihad Islámica en Palestina, el IRA en Irlanda y el de ETA en Euskadi, enfocar el problema como “guerra” es una de las mejores maneras de no resolverlo y más si el enfrentamiento está “desterritorializado” como sucede con los nuevos movimientos transnacionales. Pero este último problema es real y, sin duda, exige respuestas policiales-militares de seguridad, protección, colaboración entre cuerpos y entre países, infiltración, control de las finanzas y de los materiales, persecución, desmantelamiento etcétera. Sin embargo, se precisan los otros dos enfoques, además de la salvedad reiterada sobre el enfoque policial- militar: Nunca debe aplicarse violando los derechos humanos ya que, en tal caso, consigue lo contrario de lo que dice perseguir. Pero hay problemas. Por su parte, el campo de los “idealistas” los tiene si no quieren quedarse sólo en la educación para la paz y en decir que se va a comprender al diferente. En efecto, poco se puede hacer con lecturas fundamentalistas del Corán hechas por no musulmanes que encuentran allí lo que encontraría una lectura fundamentalista de la Biblia, sesgada en el mismo sentido que la anterior. Es también problemático tomar directamente las ideas religiosas cuando no son la causa del comportamiento sino el vocabulario con que se expresan los conflictos. Además, no es fácil encontrar un interlocutor, musulmán o cristiano, que represente las ideas de todo el colectivo: ni el Papa, ni la Reina de Inglaterra ni, por definición, las iglesias ortodoxas acéfalas (¡sic!) son representativos. Y lo mismo sucede con las diferentes divisiones del Islam. El lado “materialista” tiene una larga tradición en cuanto a propuestas, pero no ha ido acompañado en ningún momento por políticas reales (más allá de las retóricas como el 0,7 ó los Objetivos del Milenio) sobre desigualdad, pobreza, derechos humanos, desarme y democratización que, obviamente, tendrían que aplicarse no sólo a una parte de los implicados sino a todos y, por tanto, también a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Como sabemos que la peor manera de solucionar un problema es plantearlo de manera simplista, la búsqueda de las causas de las viejas guerras y las nuevas violencias ha de ir acompañada por el conocimiento de los objetivos que persiguen los actores implicados: no es indiferente el que unos no quieran tomar el poder y los otros quieran mantenerlo a escala mundial, que difieran en el propósito de “cambio de régimen” aplicado a países diferentes y en sentidos diferentes y que usen, unos y otros, la violencia como medio para minar la seguridad de los contrarios. Y esa violencia va más allá de la guerra. Incluye atentados, tortura, genocidios, “politicidios” y hasta mera explosión nihilista ante la frustración y el desencanto.
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2.- La incomprensión No puede negarse la existencia de fenómenos de incomprensión del “otro” en forma de xenofobia, antisemitismo (y su subespecie, el antijudaísmo), la islamofobia, el anticristianismo, el antiamericanismo o el antioccidentalismo. Son fenómenos que tienen que ver, en algunos casos, con la religión, las creencias y las diversas formas de ver las creencias diferentes de la propia. La profundidad y extensión de la piedad no son el problema. En los Estados Unidos el porcentaje de “born again” se ha mantenido casi inalterado desde 1991 en torno al 40 por ciento de los encuestados10y casi el 80 por ciento declara que la oración forma parte importante de su vida diaria11. problema empieza a plantearse cuando se entra en el terreno del fundamentalismo, es decir, en la creencia firme de que lo que dice el Libro Sagrado debe ser entendido de manera literal12. el caso, por ejemplo, de las teorías darwinistas sobre el origen de las especies y su contrapartida creacionista o del diseño inteligente. El hecho es que distintas encuestas en los Estados Unidos muestran que las creencias sobre el origen de las especies tal y como las expuso Darwin son minoritarias (en torno al 30 por ciento) frente a los que creen que la Biblia debe ser tomada en términos literales (al rededor del 60 por ciento según unos cómputos y 42 por ciento en las estimaciones mínimas)13. ero todavía no se ha planteado el problema más complicado de cara al diferente y es el integrismo, la idea según la cual lo que dice el Libro Sagrado debe convertirse en ley civil contra cualquier intento de separar la creencia religiosa y la práctica política y con independencia de que existan practicantes de otras religiones con otros códigos en su respectivo Libro y tan ciudadanos como los anteriores aunque no compartan sus creencias. Algunas encuestas dan a entender que el integrismo, por lo menos en el sentido de que los líderes religiosos deberían intentar influir en las decisiones de los gobiernos, alcanza a más de la tercera parte de la población analizada en el caso de los Estados Unidos14. problema se hace ya grave para el diferente cuando el movimiento fundamentalista e integrista consigue organizarse políticamente y acaba influyendo objetivamente en las decisiones de un gobierno que, en teoría, debería responder a las demandas de los ciudadanos que no comparten esas creencias. Ése ha sido el problema, de nuevo en los Estados Unidos, con los diferentes movimientos que, a partir del Fundamentalist Movement o de los Christian Zionists del siglo XIX se han organizado como New Religious Right, Moral Majority (después Liberty Federation), Christian Voice y, sobre todo, la Christian Coalition, aunque esta última ha tenido serios problemas recientemente y ya no puede saberse con certeza el número real de sus miembros.
10 Gallup, 2 de diciembre de 2005. 11 Diageo/The Hotline Poll llevada a cabo por Financial Dynamics, octubre de 2005. 12 Una variante más suave consiste en insistir en que no hay contradicción entre lo que dice la ciencia y lo que dice el Libro como si la ciencia y la religión pertenecieran al mismo campo epistemológico. Véase, por ejemplo, para la astronomía, Kamel Ben Salem, “The evolution of the universe: A new vision”, Pacific Journal of Science and Technology, VI, 1 (2005) 37-55 o, antes y para la arqueología, Werner Keller, Y la Biblia tenía razón, Barcelona, Omega, 1959. 13 Pew Research Center, 30 de agosto de 2005 y The Marttila Communications Group (para la Anti-Defamation League, judía), 25-30 de octubre de 2005. Los que no siguen a Darwin se dividen en dos grupos: los creacionistas -el mundo se creó según dice la Biblia- y los partidarios del diseño inteligente -pudo haber evolución pero guiada por Dios-. 14 Associated Press / Ipsos poll, junio de 2005. Entre los países estudiados, España y Francia estarían entre los que esa opinión está relativamente menos difundida (17 y 12 por ciento respectivamente). Estados Unidos con un 37 por ciento e Italia con un 30 estarían a la cabeza. En Italia se está organizando el movimiento de los teoconservadores que encaja en esta discusión. Para los Estados Unidos, véase John Sugg, “A Nation under God”, Mother Jones, diciembre 2005 - enero 2006.
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Vayan ahora algunas reflexiones sobre el islamismo político radical15 , para ser exactos, sobre el modo con que se ve el problema en países europeos y en los Estados Unidos. De entrada, puede ser engañoso el uso de la palabra fundamentalismo para referirse a este problema; lo mismo puede decirse de fundamentalismo islámico; y, con mucha más razón, de terrorismo islámico. Hay otros fundamentalismos (protestantes, católicos), la mayoría de las poblaciones árabes o musulmanas no es fundamentalista y, en todo caso, el terrorismo no es una ideología o un movimiento sino un método que no es exclusivo de una religión o de otra16. Desde esta perspectiva, es notable el reduccionismo con que en Europa y los Estados Unidos se plantea la cuestión. Preguntar por la confianza que le merece Osama ben Laden, aunque las respuestas no dejan de tener interés17, una forma de impedir la comprensión del diferente que no se reduce a Al Qaeda18, cuya historia comienza el 11-S, ni es todo “martirio” ni “fundamentalismo” ni todos pretenden lo mismo ni el único terrorismo es el llamado “terrorismo global” o “islamismo radical”19. Es, en muchos casos, parte de una determinada propaganda o publicidad masiva que, al igual que otras propagandas, acaban influyendo en las percepciones mutuas que aparecen en países de mayoría cristiana o de mayoría musulmana y donde, encuestas en la mano, el problema no es tanto el de cómo se ven unos a otros sino el de como la cuestión de los judíos media en esas percepciones20. Esas propagandas tienen, en muchos casos, un evidente componente geopolítico que no es ahora momento de desglosar21. Teniendo estas consideraciones en mente, se pueden dar algunos consejos para evitar la publicidad masiva que ayuda a no comprender al diferente y cuyos efectos sobre el fervor de amplios sectores cristianos, musulmanes y ateos hacen pensar que se trata de propaganda de guerra, ésa que obliga a alinearse con nosotros o contra nosotros, sin permitir un mínimo de racionalidad y sin aceptar ningún grado de empatía con la posición del presentado como “contrario”. Como en los tiempos del comunismo, pero con más facilidad ahora, y con la misma idea de que son los “otros” los que provocan. Se toman, como referencia, las reacciones ante las caricaturas del “Jyllands-Posten”, pero puede ser generalizado a otros conflictos relativos al “diferente”. 1.- “Keep it cool”. Lo primero que hay que hacer es tranquilizarse. Es cierto que el ardor guerrero que genera permite descargar agresividades producidas por asuntos personales que nada tienen que ver con él. Hay problemas familiares o económicos que generan frustración y, por tanto, agresividad, y a los que se les puede ofrecer un objeto distante sobre el que
15 Samir Amin, “Islam político y globalización imperialista”, La Jornada (México), 17 de octubre de 2001. 16 José María Tortosa, “La palabra terrorista”, en VV.AA., Afrontar el terrorismo, Fundación Seminario de Investigación para la Paz, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2006, págs. 31-62. 17 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 18 En el periódico El Mundo (14 de mayo de 2006) se llega a afirmar, al parecer con fundamento, que Al Qaeda, a estas alturas, funciona más como una “franquicia” (sic) que como una estructura piramidal muy organizada. 19 Un buen ejemplo de este reduccionismo es el de Alan M. Dershowitz, Why terrorism works. Understanding the threat, responding to the chellenge, Yale University Press, 2002. 20 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 21 La distribución geográfica del Islam como religión mayoritaria ha de ser relacionada con el petróleo, Israel, Turquía (OTAN y Unión Europea) y Xinjiang, provincia occidental china, petrolera, musulmana y separatista.
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descargar esos reveses de manera inocua. Cuidado con los que quieran enardecerle, sean cristianos o musulmanes. 2.- No se deje guiar por las apariencias. Las apariencias (es un lugar común) engañan y con ellas se engaña. Busque los hechos verificables. Procure situarlos en la coyuntura política danesa en pleno cambio como en otros sistemas políticos europeos cada vez más xenófobos. Tan xenófobos, en algunos casos, como algunos musulmanes. Y, por supuesto, sitúelos en las coyunturas políticas de los países árabes interesados en hacer olvidar otros asuntos internos (Egipto, Jordania, Siria, Arabia Saudita). 3.- Busque la claridad, pero desconfíe si está todo claro. El mundo es complicado y por eso la reflexión procura clarificarlo. Pero sin pasarse: cuando las cosas se ven demasiado claras es que hemos saltado de la necesaria simplificación al simplismo que tampoco explica nada. Los hechos son tozudos. El simplismo, porque moviliza más que el análisis, produce la sospecha razonable de que implica manipulación. 4.- Evite las cómodas simplificaciones del “nosotros” (buenos por definición) frente a “ellos” (casi siempre malos). El convertir lo de las caricaturas en “democracia” frente al “mundo musulmán” o en la umma frente a los Cruzados es una de ellas. Suele haber más de dos bandos. El maniqueísmo no es buen consejero para ninguno. 5.- Evite adjudicar a todo un colectivo lo que son comportamientos de una parte del mismo. Por ejemplo, por el hecho de que clérigos musulmanes y autoridades de países árabes hayan reprobado los disturbios, no piense que todos son iguales. Y, al revés, no concluya que “todos los musulmanes son iguales” a partir de la visión televisiva de actos “antioccidentales” y fanáticos. Hay maquiavelos en todos lados. 6.- Cuidado con las personalizaciones. Decir “que no venga un ayatolá a decirme que no puedo hacer tal cosa” hará que usted se emocione todavía más, pero no que usted comprenda. Ningún ayatolá va a venir a decirle nada. Encima, ha habido de todo. Según el “New York Times” algunos clérigos fundamentalistas ¡daneses! habrían recorrido el Oriente Medio enseñando caricaturas todavía peores que las originales aunque lo ahora lo niegan, mientras otros (árabes) han condenado lo desaforado de la reacción. No es tan sencillo saber quién encendió la mecha. En todo caso, no iba contra usted. 7.- Establezca una secuencia de los hechos y no empiece nunca por lo más dramático. Por ejemplo: las caricaturas provocadoras se publican en septiembre de 2005, Sharon es hospitalizado en diciembre, la victoria de Hamás en Palestina fue en enero de 2005 y entonces, y sólo entonces, comienzan las reacciones, al mismo tiempo en que George W. Bush, en su discurso sobre el Estado de la Unión, declara la guerra al “islam radical”. Pero todo esto viene de mucho más lejos. 8.- Pregúntese quién sale ganando. Condoleeza Rice dice que esto favorece a Irán y Siria. Otros dicen que favorece a Israel que controla una parte del presupuesto de la Autoridad Palestina aunque ésta depende de las donaciones de la Unión Europea en cuyos periódicos precisamente se publican esas cosas. Los que salen ganando no tienen por qué ser los provocadores iniciales, pero sí los interesados en que siga y se agrande. Insisto en que ya pasaba cuando el enemigo era el comunismo, no se olvide. Si a usted le tomaron el pelo entonces, no me vuelva a caer en las mismas.
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9.- No crea que “si lo estás viendo, es que está pasando”. Ciertas presencias de fotógrafos y cámaras son sospechosas, y 200 personas pueden ser filmadas de forma que parezcan todo un país. Y no lo son. Pregúntese “qué está pasando y no estás viendo”: así, hay iglesias cristianas en casi todo el mundo musulmán (sirios maronitas, palestinos católicos, egipcios coptos, iraquíes “new born”, paquistaníes anglicanos, kuwaitíes de diversas confesiones) aunque en mayores aprietos en Arabia Saudita, aliado de los Estados Unidos. 10.- La pasión, en su sitio. Buena para la creación artística y para la defensa de una causa, no lo es para el análisis racional de emociones y sensaciones como quería la Ilustración. Ahora bien, todo el mundo sabe que la Ilustración está superada y que ahora somos post-modernos. De todos modos, convendrá recordar que al mismo periódico danés se le propuso, en abril de 2003, publicar unas caricaturas de Jesús de Nazaret, cosa que se rechazó porque se daba por supuesto que el lector medio no iba a entender el caso. Curioso ejemplo de defensa de la libertad de expresión. El islamismo político radical, que se supone es la gran amenaza a la paz mundial, forma un conjunto muy heterogéneo y es preciso intentar entenderlo sin simplificaciones más o menos interesadas. De hecho, es frecuente recurrir al papel de las ideas religiosas en la acción social: partiendo de lecturas fundamentalistas (literales) del Corán, algunos no musulmanes encuentran en el Libro el origen del “mal musulmán”. Con independencia de que, encuesta tras encuesta, las poblaciones árabes o de países de fuerte implantación musulmana defienden y apoyan la democracia, estos hermeneutas afirman la incompatibilidad radical entre creencias musulmanes y democracia. No tiene mucho sentido tal propósito22, como tampoco lo tendría deducir de una lectura interesada de la Biblia judía o cristiana la incapacidad intrínseca del judaísmo o del cristianismo para la tolerancia, la noviolencia, la paz, la comprensión o la mansedumbre. No todos los judíos o cristianos son así, ni todos los musulmanes. Pero el origen no puede quedar reducido a las ideas religiosas transmitidas por el Kitab23. Hay casos en que el islamismo político es, en realidad, el vocabulario que encuentran disponible los descontentos con el funcionamiento de sus sociedades y de las rapiñas de sus respectivas elites y no tanto de los “cruzados”. La causa está en otro sitio, no en las ideas, por más que éstas ayuden. Viendo los casos tan heterogéneos que se han producido, parece que, además de estos factores ideales, hay que incluir algunos factores reales. La pobreza y la desigualdad no son “causa”, pero sí, por lo menos, caldo de cultivo para que aparezcan estos movimientos como se reconoce en la National Strategy for Combating Terrorism24 firmada por George W. Bush en febrero de 2003. También cuenta la inadaptación a nuevos contextos sea por poco interés propio sea por rechazo de la sociedad receptora y, ciertamente y después de la ocupación de Iraq, la reacción ante la humillación, las torturas y las profanaciones, cuando no las
22 Mahmood Mamdani, “From piety to politics”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 23 En este sentido, es ilegítimo deducir que si hay presencia de comunidades wahabitas o de madrasas financiadas por Arabia Saudita en un determinado territorio, pongamos Chiapas, ya por eso todos esos musulmanes son “terroristas” o, lo que sería todavía más discutible, los zapatistas son sospechosos de connivencia con este “terrorismo”. 24 Accesible en www.whitehouse.gov/news/releases/2003/02/counter_terrorism/counter_terrorism_strategy.pdf
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provocaciones desde fuera o las manipulaciones de los propios gobiernos árabes. Como muestra el caso a propósito de las caricaturas del “Jyllands-Posten”, reproducidas después en otros medios, no es tan sencillo atribuir una sola causa a fenómenos tan complejos ni, mucho menos, reducirla a una mera cuestión de libertad de expresión que los mismos actores no reconocen para otros asuntos25. A mayor abundamiento, las consideraciones sobre los orígenes no agotan las preguntas sobre este tipo particular de islamismo. Es legítimo preguntarse por sus posibles propósitos u objetivos. Los inicios pueden remontarse a 1996 o 1998 cuando se firmó el acuerdo del “Frente Islámico Mundial para la Yihad contra los Judíos y los Cruzados”26. El primer y más evidente objetivo es el de utilizar ese instrumento (el terrorismo es un medio, no una ideología) para influir o reaccionar en las relaciones “Norte-Sur”. No se excluye la venganza (por lo menos eso dicen los videos o mensajes por internet atribuidos a Al Qaeda o a Osama ben Laden) o la recomposición de esas relaciones sin que, por cierto, se plantee una alternativa al capitalismo. El segundo, y normalmente olvidado en el Norte, es el de influir en determinados países con mayoría islámica como Arabia Saudita, Marruecos, Pakistán, Egipto o Jordania que han sido objeto de ataques terroristas como los Estados Unidos, España o Inglaterra. Finalmente, el ataque terrorista busca el reconocimiento de la organización y funciona como una forma de lograr notoriedad y, así, ampliar sus bases sociales hoy por hoy muy minoritarias a lo que parece. 3.- La lógica de las cosas Las ideas y percepciones, como se ha venido apuntando, no existen ajenas a su contexto material. El mundo contemporáneo es un mal caldo de cultivo para comprender al diferente. Un mes antes de las elecciones italianas del 9 de abril de 2006, Umberto Eco escribía27: No hay descontento, por justificable que sea, que pueda equipararse con el temor de una involución fatal de nuestra democracia, con la indignación que siente todo demócrata sincero frente al estrago que se ha hecho con las leyes, la división de poderes, el sentido mismo del Estado. Es esto lo que todos nosotros debemos repetir a los amigos indecisos y desilusionados. De ellos y de su compromiso dependerá que Italia se libre de seguir siendo durante otros cinco años territorio de rapiña de defensores de sus intereses privados… El estrago al que se refería Eco personalizándolo en Berlusconi (que, por cierto, perdió por unos escasos 20.000 votos) no sería muy diferente del que otros observadores en otros países podrían constatar sobre su propio sistema político donde el respeto a las leyes, la división de poderes y el mismo sentido del Estado se encuentran en dificultades. En todo caso, y con independencia de estos extremos, sí son detectables, a escala mundial, casos de desencanto con la democracia que tal vez sean ya mayoritarios pues fuerte es la presión que lleva hacia
25 Es el caso del carácter delictivo que tiene en Francia, Alemania y España la mera discusión científica (empírica) sobre la existencia y alcance de la “shoah”, el holocausto de los judíos a manos nazis o el rechazo, en enero de 2003 según informó The Nation, de la publicación de caricaturas de Jesús de Nazaret en el mismo periódico danés en que se publicaron las del profeta Mahoma. 26 Raffi Khatchadourian, “Behind enemy lines”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 27 Umberto Eco, “Salvemos la democracia” en libertaegiustizia.it, con traducción al castellano accesible en www.rebelion.org/noticia.php?id=27918
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esa desilusión y que es observable por lo menos desde el llamado síndrome del 11-S28. Vayan algunos datos que toman ciudadanía en su sentido más general, preocupado menos por las formalidades de inclusión en el rango administrativo de ciudadano y sí preocupado por la relación entre el individuo y su sistema político. Se puede comenzar por la serie del Latinobarómetro. Con datos de 2005, los latinoamericanos encuestados no se muestran particularmente contentos con su democracia. Preguntados sobre su país y con la opción entre un 0 (no democrático) y un 10 (totalmente democrático), la media se encuentra en un 5,5, con algunos países claramente por encima de dicha media (Venezuela -7,6 que es la calificación más alta-, Costa Rica, Uruguay y Chile, por ese orden) y otros claramente por debajo de la misma (Perú, Nicaragua, Ecuador y Paraguay -4,2 que es la nota más baja-). Puesto en términos temporales, aunque la tendencia no es clara desde 1996 que comienzan estos Latinobarómetros, es difícil sustraerse a la impresión de que puestos en la disyuntiva entre democracia y dictadura (“La democracia es preferible a cualquier otro gobierno”, “Bajo ninguna circunstancia apoyaría a un gobierno militar”) la tendencia juega contra la democracia aunque con notables diferencias de país a país. México es el país en el que más disminuye el porcentaje de los que creen que “en determinadas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático” hasta quedar en un 13 por ciento de los encuestados mientas que el Paraguay es el país en el que más aumenta hasta alcanzar el 44 por ciento de la población. Los siete países analizados por el Pew Research Center (estudio publicado el 5 de enero de 2006) muestran algo semejante. En cuatro de ellos (Marruecos, el Líbano, Turquía, Indonesia y Jordania), son más los que creen que hay que apoyarse en gobiernos democráticos antes que en un liderazgo fuerte. En Marruecos, incluso se alcanza un 73 por ciento de favorables a un gobierno democrático. Sin embargo, en Pakistán y en Rusia sucede lo contrario: son más (53 y 66 por ciento respectivamente) los que prefieren un liderazgo fuerte antes que un gobierno democrático. No es, con sus luces y sombras29, un malestar exclusivo de algunos países latinoamericanos o árabes. Desde 1976, los Eurobarómetros hacen oscilar el porcentaje de los satisfechos con el funcionamiento de su democracia en torno al 50 por ciento aunque con baches, en los años 90, en los que se ha bajado del 40 por ciento. También aquí hay diferencias entre países (en Italia aparecen porcentajes de satisfacción que llegan a un mínimo del 10 por ciento aunque, a pesar de lo dicho por Eco, recuperándose en los últimos años) e incluso dentro de países como es el caso de la unificada Alemania en la que el porcentaje de satisfechos con la democracia es sensiblemente mayor en el territorio de la antigua Alemania Federal que en la antigua Alemania del Este. La situación española tampoco es excepcional. En el barómetro 2.633 de enero de 2006 el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntaba qué dos clases de sentimientos le inspiraba principalmente la política al entrevistado. Las respuestas eran inequívocas: el
28 José María Tortosa, “Elementos fascistas en el síndrome del ’11 de septiembre’”, Sistema (Madrid), 167 (2002) 41-55. 29 Véase Aníbal Quijano, “El laberinto de América Latina: ¿Hay otras salidas?”, Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, X, 1 (2004) 75-97.
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entusiasmo, el compromiso y el interés por la política, no alcanzaban a la cuarta parte de los entrevistados frente a un 30 por ciento al que la política produce desconfianza, 15 por ciento aburrimiento, 18 indiferencia e incluso, en casi un 8 por ciento, irritación. Los Estados Unidos no están exentos de problemas30. Un estudio de Harris Interactive (publicado el 2 de marzo de 2006) mostraba bien a las claras en quiénes confiaban los estadounidenses entrevistados: en los últimos 6 años, el Congreso y el ejecutivo federal se encontraban entre los puestos más bajos mientras que el máximo de confianza lo obtenía el ejército. Pero, en todo caso, con clara tendencia decreciente incluso para el ejército que, aunque en 2006 alcanzaba la confianza del 47 por ciento de los encuestados, se encontraba bien lejos del 71 por ciento que había alcanzado en 2002. La Casa Blanca obtenía la confianza del 25 por ciento de los entrevistados (el Congreso del 10 por ciento), la mitad de lo obtenido en 2002. Por seguir con el caso de los Estados Unidos (pero aplicable a muchos otros, por no decir a todos) está el grado de engaño al que los gobernantes someten a sus ciudadanos y que éstos aceptan gracias a la ayuda de los medios de comunicación de masas. Tal vez el caso más evidente sea el porcentaje excesivamente alto de estadounidenses que todavía cree que Sadam Husein tenia armas de destrucción masiva (26 % en diciembre de 2005, habiéndose reducido desde el 41 % que lo llegó a opinar en octubre de 2004), el 41 % que todavía creía que Husein tenía lazos con Al Qaeda y el 24 % que creía que varios secuestradores del ataque del 11-S eran iraquíes (24 % en diciembre de 2005, pero 44 por ciento en febrero de ese mismo año)31. Las encuestas hechas a soldados estadounidenses ocupando Iraq sobre el por qué se encuentran en el país eran también reveladoras32: Un 93 % afirmaba que no era por la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, pero un 85 % decía que era como “represalia por el papel de Sadam Husein en el 11-S”, un 77 % que se trataba de “detener la ayuda de Sadam a Al Qaeda en Iraq” y ya, en porcentajes mejores, que se trataba de “establecer una democracia que pueda ser un modelo para el mundo árabe” (24 %), asegurar el abastecimiento de petróleo (11 %) y proporcionar bases a largo plazo para las tropas estadounidenses en la región (6 %). El desencanto con la democracia parece que guarda una relación, como sugiere Umberto Eco, con el nivel de corrupción que los ciudadanos perciben en su vida cotidiana y en sus medios de comunicación. No se trata, obviamente, del muy discutible “índice de (percepción de la) corrupción” que publicita todos los años Transparencia Internacional y del que hay abundantes motivos para dudar. En todo caso, no es un índice de corrupción como parecen suponer algunos informes sino de percepción, desde fuera, de la corrupción, con las más que probables secuelas de profecía que se autorrealiza y con los evidentes errores al comparar las pequeñas corrupciones (“mordidas”) con la corrupción generalizada utilizando el gobierno federal como se sabe sucede en los países enriquecidos y, en concreto, en los Estados
30 Véase José María Tortosa, Democracia made in USA. Un modelo político en cuestión, Barcelona, Icaria, 2004. No deja de ser curioso que los gobiernos de países árabes más cercanos al gobierno de los Estados Unidos se encuentren, en muchos casos, entre los menos democráticos, como es el caso de la Unión de Emiratos Árabes, Arabia Saudita o Kuwait. 31 The Harris Poll, difundido el 29 de diciembre de 2005. 32 Le Moyne College/Zogby Poll, publicada el 28 de febrero de 2006.
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Unidos33 y los supuestos “índices” no reflejan34. Tal vez, diga lo que diga Transparencia Internacional y su supuesto y poco fiable “índice de (percepción de la) corrupción”, el porcentaje de gente que practica la corrupción sea mayor en Cuba, según denuncia Fidel Castro, que en los Estados Unidos, pero el porcentaje de dinero corrupto sobre el Producto Interno Bruto es, casi con certeza, menor. El nivel de corrupción empresarial es, realmente, considerable en los Estados Unidos siendo visibles y bien documentados los logros de contratos gubernamentales sin licitación, abusivos y sin control además de la corrupción convencional (venta de favores políticos a cambio de dinero) con casos como Abramoff, DeLay o las empresas de los actuales gobernantes que empequeñecen las mini-corrupciones de otros países. Aquello sí que es “business politics”, política de los negocios. Este asunto tiene particular trascendencia para el siguiente tema: de hecho, en el estudio “Recursos mundiales 2006: La riqueza del pobre” resultado conjunto del PNUMA, PNUD, BM e IRM, quedaba claro que a escala de la comunidad, los pobres consideraban mucho más eficaces a las organizaciones propias, a las instituciones religiosas y a las ONG muy por encima de Ayuntamientos y Ministerios que recibían los porcentajes más altos de respuestas en el sentido de considerarlos menos eficaces. Si todo esto es así, la emergencia de partidos antidemocráticos y xenófobos es comprensible. Mucho más si la “crisis de las democracias” va acompañada de pobreza y violencia. Para no llamarse a engaño, conviene percatarse de que el discurso sobre el desarrollo, dominante en los años 60-70, ha ido disminuyendo, siendo sustituido primero por “cooperación al desarrollo”, después por “cooperación” tout court o también “ayudas” y, al ver que ésta tampoco funcionaba, fue sustituida por “lucha contra la pobreza” para terminar, en muchos casos, en una sencilla y técnica “lucha contra el hambre” que no pone en cuestión los mecanismos que la producen y se queda en la De subventione pauperun sive de humanis necessitatibus (1526) de Luís Vives. Los mapas de la pobreza son bastante coherentes si ponemos en el gráfico la población que vive con menos del equivalente a 2 dólares USA al día que es una de las medidas que usa el Banco Mundial, el porcentaje de población subnutrida según la FAO o el consumo insuficiente de calorías por persona y día que también calcula la FAO. Sobrealimentados y con problemas de sobrepeso en un lado y muerte por hambre en el otro. Es difícil saber si estas cifras han aumentado o disminuido en los últimos tiempos. Son, obviamente, datos de difícil logro y pueden ser manipulados interesadamente de maneras muy distintas. Tomando los datos del Banco Mundial como buenos (cosa que, hay que insistir, produce muchas reticencias), sí parece que ha aumentado el número absoluto de personas que no llega al equivalente a los 2 dólares USA al día (a paridad de poder adquisitivo, que es donde reside una de las dificultades del cálculo). Entre 1991 y 2001 -último dato ofrecido por el Banco- el porcentaje habría disminuido (en todo caso, estaríamos hablando de más del 50 por ciento), pero la cifra absoluta habría aumentado. Visto este contexto, no tendría que 33 Algunos ejemplos al azar y de medios diferentes: Mark Rice-Oxley, “Why graft thrives in postconflict zones”, The Christian Science Monitor, 17 de marzo de 2005; Craig S. Smith, “Poor planning and corruption hobble the rebuilding of Iraq”, The New York Times, 17 de septiembre de 2005; Richard Cohen, “Culture of intellectual corruption”, The Washington Post, 9 de marzo de 2006. 34 Véase VV.AA., Vicios públicos. Poder y corrupción, Óscar Ugarteche comp., México, Fondo de Cultura Económica, 2005 y, en particular, la contribución de Miguel Ángel Mateo, “Corrupción política. Enfoques y desenfoques desde la cultura, la economía y la propia política”, págs. 307-328.
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extrañar que tuviese efectos sobre los niveles de violencia en el mundo. Sin embargo no es exactamente así. Es cierto que la violencia, medida como tasa de homicidios por 100.000 habitantes, y con las anomalías de algunos sucesos puntuales como Lesoto en 1976 y Ruanda en 1994, parece haber iniciado un ligero ascenso en los últimos 10 años, con claras diferencias por regiones y, en particular, con aumentos más claros si se separan las tasas de los países centrales y las de los periféricos, siendo el aumento en estos últimos mucho más claro, lo cual ya tendría que llamar a reflexión. También es cierto que, si se trata de número de muertes en conflictos armados o porcentaje de las mismas sobre el total de la población mundial, el incremento que supuso el siglo XX sobre los anteriores es ciertamente visible. El Informe sobre el Desarrollo Humano 2005, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se encargaba de documentarlo. El siglo XX habría producido casi 10 veces más muertos que el siglo XIX (109 millones según esos cálculos) y su porcentaje habría ascendido a más del 4 por ciento frente al 1,6 que había supuesto el siglo XIX, con el agravante de que, progresivamente, las guerras han tenido cada vez más víctimas civiles (niños y mujeres sobre todo). Sin embargo, la mayoría de intentos de cuantificar las tendencias generales en lo que se refiere a conflictos violentos o conflictos por la autodeterminación, dan, partiendo de 1950, un paulatino incremento en todas las variables consideradas, cosa que deja de suceder a partir de los años 90, en torno a los avatares de la Unión Soviética (1989, caída del Muro del Berlín; 1991 colapso del PCUS y, con él, de la Unión Soviética). Curiosamente, lo mismo se podía decir a propósito de los ataques terroristas documentados por el estadounidense “National Counterterrorism Center”: con un máximo en 1987 y un segundo puesto para 1991, es difícil sustraerse a la impresión de que los ataques terroristas estaban disminuyendo incluso contando hechos extremos, publicitados y de dudosa catalogación como el 11 de septiembre de 2001. De todas maneras, parece ser que algo ha cambiado, como ya se ha dicho. Según los cálculos del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, en 2003 habría habido 172 ataques significativos a escala mundial... pero 655 en 2004 y 11.111 en 2005. Es decir, que la invasión de Afganistán primero y la ocupación de Iraq después habrían sido un detonante para un aumento de violencia de tipo terrorista hasta alcanzar los niveles más altos que la publicación había obtenido históricamente. No toda la opinión pública conocida estaría igualmente de acuerdo con estos propósitos. Entre los 36 países estudiados para World Public Opinion con datos publicados el 27 de febrero de 2006, México destacaba por tener el mayor porcentaje de los que pensaban que la ocupación de no había influido en el aumento de ataques terroristas. Le seguían, a mucha distancia, los Estados Unidos, Brasil, Canadá y Rusia. Egipto, la China y Corea del Sur presentaban mayores porcentajes de gente que opinaba que sí había influido. Nigeria, Tanzania y Kenia, por su parte, daban porcentajes relativamente más altos en el sentido de opinar que la guerra de Iraq había influido en la disminución del terrorismo. La lógica de las cosas o, si se prefiere, el enfoque “materialista” sobre el problema de la xenofobia, tiene que incluir un último elemento que favorece la incomprensión del diferente y
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es el fenómeno, a escala mundial, de unas clases medias menguantes y asustadas35. Sus frustraciones, inseguridades y temores son un caldo de cultivo para la manipulación de su potencial xenófobo. Cierto que lo que se haga por fomentar la comprensión del diferente, según la perspectiva “idealista”, será, desde el punto de vista de la convivencia pacífica, mejor que si no se hace. Pero estos intentos por comprender serán poco eficaces si no van acompañados por intentos, igualmente decididos, de afrontar las cuestiones no sólo de la ciudadanía, la pobreza o la violencia sino, sobre todo, los efectos que sobre las clases medias está teniendo, sin ir más lejos, en ambas orillas del Mediterráneo y en ambas orillas del Atlántico.
35 Véase José María Tortosa, “De nuevo el nuevo (des)orden mundial”, VV.AA., Agenda de la globalización. Problemas, Francisco Jarauta ed., Foro de la Mundialización, Murcia, Fundación Cajamurcia, 2005, págs. 15-47.
José María Tortosa Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz
Universidad de Alicante Las ideas centrales de este trabajo se pueden resumir en tres puntos: 1.- Antes que nada, es preciso reconocer que la xenofobia, el rechazo del diferente, es normal ya que es normal la percepción del diferente como un peligro que el instinto de conservación aconseja que se rechace, evite o destruya sin perder el tiempo intentando comprenderlo. 2.- La comprensión del diferente es una respuesta igualmente normal, más elaborada y “civilizada” que la anterior que es común con los demás animales, pero tiene sus dificultades. 3.- En todo caso, la comprensión del diferente no lo resuelve todo ya que hay factores externos a la comprensión que tienen que ser abordados. 1.- La reacción de rechazo ante el diferente Ahora sabemos que la reacción del cerebro ante el estímulo es inmediata cuando se trata de supervivencia y se produce en una parte del cerebro llamada amígdala. Después es evaluada y, eventualmente, corregida por la reflexión que se sitúa en el neocórtex2. Buena parte del material producido desde esa perspectiva de interacción está muy lejos del viejo biologismo como lo está del sociologismo. Aplicándolo a la cuestión de la xenofobia, que es uno de los opuestos de comprender al diferente, se pueden ver las complicadas relaciones entre sociedad y cerebro. Resulta que el lugar del cerebro donde se reflejan los miedos y, sobre todo, los que tienen que ver con la defensa propia es, en efecto, la amígdala y ésta se activa cuando se ve a alguien diferente cuyo comportamiento no podemos predecir precisamente porque es diferente. Sucede con la reacción de desconfianza ante otras “razas”. Hasta ahí, ningún problema. Ya se sabía que la xenofobia es un reflejo que tienen los animales cuyo instinto de supervivencia les produce ese rechazo que puede ser agresivo. Es de animales, en efecto, el “ataque preventivo” tal y como lo conocemos. En ese contexto, y para lo que aquí nos ocupa, se descubre que, cuando se trata de gente “diferente”, ese lugar del cerebro que reacciona ante la amenaza, no es tan activo si el individuo ha viajado y ha conocido ya a distintos “diferentes”. Con el mismo procedimiento de mostrar de manera muy rápida fotografías de varios “diferentes” y ver si la amígdala reaccionaba más o menos o nada, se compararon los resultados de las personas que tendían a ver a los demás como parte de categorías generales y los que tienden a verlos como individuos únicos e irrepetibles. Lo fascinante es que los segundos tenían una menor reacción en la amígdala que los primeros cuando se les presentaban las fotos de “diferentes” y en consecuencia potencialmente amenazantes al no
1 Presentado en el Congreso Internacional “Alianza de civilizaciones. Buscando caminos hacia la Paz Mundial”, Centro Islámico de Valencia, 9 de julio de 2006. 2 Benjamin Libet, Mind Time: The temporal factor in consciousness, Cambridge y Londres, Harvard University Press, 2004.
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poder predecir su comportamiento3. Es igualmente sugestivo saber que la actividad de la amígdala ante personas de otra “raza” se debe más al contexto cultural del individuo que a lo diferente que pueda ser. Así, en un contexto caracterizado por fuerte presencia del racismo, algunos negros reaccionaban de la misma forma que los blancos ante las fotografías de negros, estigmatizados en dicha sociedad4. Véase qué sucede con la presentación de los datos de una misma fuente e imagínese a qué tipo de percepción del diferente está produciendo cada una de ellas. Se trata de cómo presentaron los resultados de un Barómetro del Real Instituto Elcano dos periódicos de referencia5. El primero, ABC, titulaba “El 68% de los españoles ven ‘violentos’ a los países musulmanes, y el 79%, ‘intolerantes’” y subtitulaba “Siete de cada diez ciudadanos temen que se esté produciendo un ‘choque de civilizaciones’”6. El País, por su parte, titulaba “El 61% de los españoles apoya la ‘Alianza de Civilizaciones’” y subtitulaba con “Un 57% critica la publicación de caricaturas sobre Mahoma, según el Instituto Elcano”. Dejando la anécdota, existen por lo menos dos formas extremas de definir el problema de la xenofobia, del rechazo del diferente, que se presentan a continuación tomando como hilo conductor el caso extremo de rechazo del “otro” que es la guerra. En los últimos 5.000 años parece que la especie ha dedicado más tiempo a la paz que a la guerra. Es la llamada “paz imperfecta”7. Sin embargo, ese mayor tiempo sin guerra no ha estado exento de conflictos, situaciones de opresión o marginación y pulsiones de codicia y ambiciones personales y, tal vez, colectivas. Estos factores han llevado a frustraciones que han producido un aumento de agresividad y que se han resuelto en guerra, guerra civil o violencias más o menos difusas. En estos procesos ha sido frecuente, cuando no determinante, el que los líderes políticos hayan arrastrado a sus pueblos a esos combates por ambición territorial o por proyección hacia el exterior de las contradicciones domésticas. Una versión alternativa sería la siguiente: la guerra es una institución cultural que, como tal, reside en las mentes de los humanos que creen que ésa es la mejor forma de afrontar algunas cuestiones frente a los “otros”, los “diferentes”, y que debe ser promovida con términos gloriosos, heroicos, las más de las veces viriles y en muchos casos religiosos. Estas dos posturas llevan a sendas iniciativas para evitar la guerra. Unos, llamémosles “materialistas”, propondrán la democracia (con fortalecimiento del Estado y lucha contra la corrupción), el respeto a los derechos humanos, el desarme (con particular atención al comercio de armas cortas) y un desarrollo como lucha no sólo contra la pobreza o el hambre, sino también contra las desigualdades. Esta perspectiva había recibido la atención del Banco Mundial y ha tenido dos ejemplos recientes: el capítulo 5 (“Conflicto violento: identificar la
3 Matthew D. Lieberman y J.H. Pfeifer, “The self and social perception: Three kinds of questions in social cognitive neuroscience”, en Cognitive neuroscience of emotional and social behavior, A. Easton y N. Emery eds., Filadelfia, Psychology Press, 2005. 4 Matthew D. Lieberman y otros, “An fMRI investigation of race-related amygdala in African-American and Caucasian-American individuals”, Nature Neuroscience, VIII, 6 (2005) 720-722. 5 ABC y El País, ambos a 19 de abril de 2006. 6 En el cuerpo de la noticia se hacía saber que el porcentaje era del 74 por ciento y se añadían las matizaciones que los especialistas del Real Instituto Elcano hacían al respecto. 7 VV.AA., La paz imperfecta, F. Muñoz ed., Granada, Universidad de Granada, 2001.; Francisco Muñoz, “La paz”, en VV.AA., Manual de Paz y Conflictos, B. Molina Rueda y F.A. Muñoz eds., Granada, Universidad de Granada, 2004, cap. 1.
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verdadera amenaza”) del Informe sobre el desarrollo humano 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Informe sobre la situación social en el mundo 2005: el dilema de la desigualdad de las Naciones Unidas, en su capítulo IV (“Desigualdades e integración social”). La propuesta de los segundos, que podrían ser llamados “idealistas”, sería otra: si la guerra está en las mentes, hay que sustituirla ahí mismo por la paz, según se afirmaba ya en la “Declaración de Sevilla sobre la violencia” a 16 de mayo de 1986 y llevaría a la campaña de Cultura de Paz promovida desde la UNESCO. Reconociendo el papel de las ideas en las acciones humanas, su punto de apoyo está en las ideas mismas, de forma que si encontramos grupos enfrentados por sus ideas, habrá que buscar compatibilidad o entendimiento entre ellas o, si fuera posible, habrá que buscar una idea distinta que trascienda a las enfrentadas. En todo caso, el diálogo entre diferentes es la estrategia central de esta perspectiva. Estos enfoques no agotan las posibilidades de afrontar las violencias. El dominante en el mundo no ha sido ninguna de las anteriores sino que ha sido el militarista: si vis pacem, para bellum, es decir, la guerra se evita preparándose para la guerra, y la mejor forma de enfrentarse a la violencia es mediante la violencia misma o su amenaza. En general las respuestas actuales sobredimensionan esta eventualidad mientras infravaloran (o niegan) el papel de la seguridad humana, de los factores subyacentes y del “diálogo preventivo”. Quizá el ejemplo paradigmático fue el discurso del entonces Presidente español José María Aznar ante la LVIII Asamblea de Naciones Unidas: no tiene sentido preguntarse por las causas del terrorismo, diría; lo que hay que hacer es derrotarlo. En la misma dirección van los documentos firmados por el segundo presidente Bush, National Security Strategy for the United States of America, desde septiembre de 2002 a marzo de 2006 en que se reafirma la doctrina del ataque preventivo antes de que se materialice la amenaza y se desdeñan las causas sean “materialistas” o “idealistas”8 . 5.000 años de historia tendrían que haber enseñado que esta última estrategia, aislada, suele generar más muerte y destrucción. No es realista9. La mejor prueba es la ocupación de Iraq que, por ahora, ha hecho aparecer terrorismo en un país en que no lo había, ha multiplicado el “torturismo”, ha islamizado una Constitución laica, ha instalado una cultura de la violencia, ha dado pie a una guerra civil y ha elevado el número de ataques terroristas a escala mundial. Es muy probable que lo que mayor seguridad proporciona a los ciudadanos sea una mezcla de los tres enfoques (el policial-militar también), siempre suponiendo que ésa es la finalidad de la clase política y no la de lograr o mantenerse en el poder a toda costa, incluyendo la manipulación de la inseguridad para conseguirlo. Y los tres, combinados, suponen la mejor prevención. Si no hubiese intereses creados bien organizados a escala mundial, dedicaríamos mayor esfuerzo a esa prevención. Algunas situaciones, como la de Ruanda, están bien estudiadas. Sin embargo, los productores y vendedores (oficiales o contrabandistas) de armas son un grupo de presión importante y hacen olvidar que la única solución, en muchos casos, es la prevención y la única práctica preventiva es la resolución de los problemas que causan los
8 Véase George W. Bush, National Security Strategy for the U.S.A., marzo de 2006, en www.whitehouse.gov. 9 Ver Vicent Martínez Guzmán, Filosofía para hacer las paces, Barcelona, Icaria, 2001 y Vicent Martínez Guzmán, Podemos hacer las paces. Reflexiones éticas tras el 11-S y el 11-M, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2005.
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enfrentamientos. Son, en efecto, las escaladas de armamentos las que suelen terminar en enfrentamiento armado. En el siglo XX los muertos por la guerra alcanzaron una proporción, con respecto a la población total, desconocida hasta entonces. El siglo XXI amenaza con no quedarse atrás, y los efectos humanos y económicos de esas guerras son fáciles de evaluar tanto si se producen entre países de la periferia (como sucede ahora con la mayoría de guerras) como si llegan a enfrentamientos entre superpotencias por la hegemonía sobre el resto del mundo, que no otra cosa fueron las Guerras Mundiales y el particular caso de la Guerra Fría. Además, y con raíces históricas conocidas, se ha hecho evidente el papel violento peculiar asumido recientemente por lo que se podría llamar yihad salafista internacional o islamismo político radical, utilizado ahora por el fundamentalismo estadounidense para legitimar su particular “guerra contra el terrorismo”, después de haberlo utilizado directamente contra el comunismo o contra el nacionalismo árabe. Ahora bien, como muestran la Yihad Islámica en Palestina, el IRA en Irlanda y el de ETA en Euskadi, enfocar el problema como “guerra” es una de las mejores maneras de no resolverlo y más si el enfrentamiento está “desterritorializado” como sucede con los nuevos movimientos transnacionales. Pero este último problema es real y, sin duda, exige respuestas policiales-militares de seguridad, protección, colaboración entre cuerpos y entre países, infiltración, control de las finanzas y de los materiales, persecución, desmantelamiento etcétera. Sin embargo, se precisan los otros dos enfoques, además de la salvedad reiterada sobre el enfoque policial- militar: Nunca debe aplicarse violando los derechos humanos ya que, en tal caso, consigue lo contrario de lo que dice perseguir. Pero hay problemas. Por su parte, el campo de los “idealistas” los tiene si no quieren quedarse sólo en la educación para la paz y en decir que se va a comprender al diferente. En efecto, poco se puede hacer con lecturas fundamentalistas del Corán hechas por no musulmanes que encuentran allí lo que encontraría una lectura fundamentalista de la Biblia, sesgada en el mismo sentido que la anterior. Es también problemático tomar directamente las ideas religiosas cuando no son la causa del comportamiento sino el vocabulario con que se expresan los conflictos. Además, no es fácil encontrar un interlocutor, musulmán o cristiano, que represente las ideas de todo el colectivo: ni el Papa, ni la Reina de Inglaterra ni, por definición, las iglesias ortodoxas acéfalas (¡sic!) son representativos. Y lo mismo sucede con las diferentes divisiones del Islam. El lado “materialista” tiene una larga tradición en cuanto a propuestas, pero no ha ido acompañado en ningún momento por políticas reales (más allá de las retóricas como el 0,7 ó los Objetivos del Milenio) sobre desigualdad, pobreza, derechos humanos, desarme y democratización que, obviamente, tendrían que aplicarse no sólo a una parte de los implicados sino a todos y, por tanto, también a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Como sabemos que la peor manera de solucionar un problema es plantearlo de manera simplista, la búsqueda de las causas de las viejas guerras y las nuevas violencias ha de ir acompañada por el conocimiento de los objetivos que persiguen los actores implicados: no es indiferente el que unos no quieran tomar el poder y los otros quieran mantenerlo a escala mundial, que difieran en el propósito de “cambio de régimen” aplicado a países diferentes y en sentidos diferentes y que usen, unos y otros, la violencia como medio para minar la seguridad de los contrarios. Y esa violencia va más allá de la guerra. Incluye atentados, tortura, genocidios, “politicidios” y hasta mera explosión nihilista ante la frustración y el desencanto.
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2.- La incomprensión No puede negarse la existencia de fenómenos de incomprensión del “otro” en forma de xenofobia, antisemitismo (y su subespecie, el antijudaísmo), la islamofobia, el anticristianismo, el antiamericanismo o el antioccidentalismo. Son fenómenos que tienen que ver, en algunos casos, con la religión, las creencias y las diversas formas de ver las creencias diferentes de la propia. La profundidad y extensión de la piedad no son el problema. En los Estados Unidos el porcentaje de “born again” se ha mantenido casi inalterado desde 1991 en torno al 40 por ciento de los encuestados10y casi el 80 por ciento declara que la oración forma parte importante de su vida diaria11. problema empieza a plantearse cuando se entra en el terreno del fundamentalismo, es decir, en la creencia firme de que lo que dice el Libro Sagrado debe ser entendido de manera literal12. el caso, por ejemplo, de las teorías darwinistas sobre el origen de las especies y su contrapartida creacionista o del diseño inteligente. El hecho es que distintas encuestas en los Estados Unidos muestran que las creencias sobre el origen de las especies tal y como las expuso Darwin son minoritarias (en torno al 30 por ciento) frente a los que creen que la Biblia debe ser tomada en términos literales (al rededor del 60 por ciento según unos cómputos y 42 por ciento en las estimaciones mínimas)13. ero todavía no se ha planteado el problema más complicado de cara al diferente y es el integrismo, la idea según la cual lo que dice el Libro Sagrado debe convertirse en ley civil contra cualquier intento de separar la creencia religiosa y la práctica política y con independencia de que existan practicantes de otras religiones con otros códigos en su respectivo Libro y tan ciudadanos como los anteriores aunque no compartan sus creencias. Algunas encuestas dan a entender que el integrismo, por lo menos en el sentido de que los líderes religiosos deberían intentar influir en las decisiones de los gobiernos, alcanza a más de la tercera parte de la población analizada en el caso de los Estados Unidos14. problema se hace ya grave para el diferente cuando el movimiento fundamentalista e integrista consigue organizarse políticamente y acaba influyendo objetivamente en las decisiones de un gobierno que, en teoría, debería responder a las demandas de los ciudadanos que no comparten esas creencias. Ése ha sido el problema, de nuevo en los Estados Unidos, con los diferentes movimientos que, a partir del Fundamentalist Movement o de los Christian Zionists del siglo XIX se han organizado como New Religious Right, Moral Majority (después Liberty Federation), Christian Voice y, sobre todo, la Christian Coalition, aunque esta última ha tenido serios problemas recientemente y ya no puede saberse con certeza el número real de sus miembros.
10 Gallup, 2 de diciembre de 2005. 11 Diageo/The Hotline Poll llevada a cabo por Financial Dynamics, octubre de 2005. 12 Una variante más suave consiste en insistir en que no hay contradicción entre lo que dice la ciencia y lo que dice el Libro como si la ciencia y la religión pertenecieran al mismo campo epistemológico. Véase, por ejemplo, para la astronomía, Kamel Ben Salem, “The evolution of the universe: A new vision”, Pacific Journal of Science and Technology, VI, 1 (2005) 37-55 o, antes y para la arqueología, Werner Keller, Y la Biblia tenía razón, Barcelona, Omega, 1959. 13 Pew Research Center, 30 de agosto de 2005 y The Marttila Communications Group (para la Anti-Defamation League, judía), 25-30 de octubre de 2005. Los que no siguen a Darwin se dividen en dos grupos: los creacionistas -el mundo se creó según dice la Biblia- y los partidarios del diseño inteligente -pudo haber evolución pero guiada por Dios-. 14 Associated Press / Ipsos poll, junio de 2005. Entre los países estudiados, España y Francia estarían entre los que esa opinión está relativamente menos difundida (17 y 12 por ciento respectivamente). Estados Unidos con un 37 por ciento e Italia con un 30 estarían a la cabeza. En Italia se está organizando el movimiento de los teoconservadores que encaja en esta discusión. Para los Estados Unidos, véase John Sugg, “A Nation under God”, Mother Jones, diciembre 2005 - enero 2006.
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Vayan ahora algunas reflexiones sobre el islamismo político radical15 , para ser exactos, sobre el modo con que se ve el problema en países europeos y en los Estados Unidos. De entrada, puede ser engañoso el uso de la palabra fundamentalismo para referirse a este problema; lo mismo puede decirse de fundamentalismo islámico; y, con mucha más razón, de terrorismo islámico. Hay otros fundamentalismos (protestantes, católicos), la mayoría de las poblaciones árabes o musulmanas no es fundamentalista y, en todo caso, el terrorismo no es una ideología o un movimiento sino un método que no es exclusivo de una religión o de otra16. Desde esta perspectiva, es notable el reduccionismo con que en Europa y los Estados Unidos se plantea la cuestión. Preguntar por la confianza que le merece Osama ben Laden, aunque las respuestas no dejan de tener interés17, una forma de impedir la comprensión del diferente que no se reduce a Al Qaeda18, cuya historia comienza el 11-S, ni es todo “martirio” ni “fundamentalismo” ni todos pretenden lo mismo ni el único terrorismo es el llamado “terrorismo global” o “islamismo radical”19. Es, en muchos casos, parte de una determinada propaganda o publicidad masiva que, al igual que otras propagandas, acaban influyendo en las percepciones mutuas que aparecen en países de mayoría cristiana o de mayoría musulmana y donde, encuestas en la mano, el problema no es tanto el de cómo se ven unos a otros sino el de como la cuestión de los judíos media en esas percepciones20. Esas propagandas tienen, en muchos casos, un evidente componente geopolítico que no es ahora momento de desglosar21. Teniendo estas consideraciones en mente, se pueden dar algunos consejos para evitar la publicidad masiva que ayuda a no comprender al diferente y cuyos efectos sobre el fervor de amplios sectores cristianos, musulmanes y ateos hacen pensar que se trata de propaganda de guerra, ésa que obliga a alinearse con nosotros o contra nosotros, sin permitir un mínimo de racionalidad y sin aceptar ningún grado de empatía con la posición del presentado como “contrario”. Como en los tiempos del comunismo, pero con más facilidad ahora, y con la misma idea de que son los “otros” los que provocan. Se toman, como referencia, las reacciones ante las caricaturas del “Jyllands-Posten”, pero puede ser generalizado a otros conflictos relativos al “diferente”. 1.- “Keep it cool”. Lo primero que hay que hacer es tranquilizarse. Es cierto que el ardor guerrero que genera permite descargar agresividades producidas por asuntos personales que nada tienen que ver con él. Hay problemas familiares o económicos que generan frustración y, por tanto, agresividad, y a los que se les puede ofrecer un objeto distante sobre el que
15 Samir Amin, “Islam político y globalización imperialista”, La Jornada (México), 17 de octubre de 2001. 16 José María Tortosa, “La palabra terrorista”, en VV.AA., Afrontar el terrorismo, Fundación Seminario de Investigación para la Paz, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2006, págs. 31-62. 17 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 18 En el periódico El Mundo (14 de mayo de 2006) se llega a afirmar, al parecer con fundamento, que Al Qaeda, a estas alturas, funciona más como una “franquicia” (sic) que como una estructura piramidal muy organizada. 19 Un buen ejemplo de este reduccionismo es el de Alan M. Dershowitz, Why terrorism works. Understanding the threat, responding to the chellenge, Yale University Press, 2002. 20 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 21 La distribución geográfica del Islam como religión mayoritaria ha de ser relacionada con el petróleo, Israel, Turquía (OTAN y Unión Europea) y Xinjiang, provincia occidental china, petrolera, musulmana y separatista.
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descargar esos reveses de manera inocua. Cuidado con los que quieran enardecerle, sean cristianos o musulmanes. 2.- No se deje guiar por las apariencias. Las apariencias (es un lugar común) engañan y con ellas se engaña. Busque los hechos verificables. Procure situarlos en la coyuntura política danesa en pleno cambio como en otros sistemas políticos europeos cada vez más xenófobos. Tan xenófobos, en algunos casos, como algunos musulmanes. Y, por supuesto, sitúelos en las coyunturas políticas de los países árabes interesados en hacer olvidar otros asuntos internos (Egipto, Jordania, Siria, Arabia Saudita). 3.- Busque la claridad, pero desconfíe si está todo claro. El mundo es complicado y por eso la reflexión procura clarificarlo. Pero sin pasarse: cuando las cosas se ven demasiado claras es que hemos saltado de la necesaria simplificación al simplismo que tampoco explica nada. Los hechos son tozudos. El simplismo, porque moviliza más que el análisis, produce la sospecha razonable de que implica manipulación. 4.- Evite las cómodas simplificaciones del “nosotros” (buenos por definición) frente a “ellos” (casi siempre malos). El convertir lo de las caricaturas en “democracia” frente al “mundo musulmán” o en la umma frente a los Cruzados es una de ellas. Suele haber más de dos bandos. El maniqueísmo no es buen consejero para ninguno. 5.- Evite adjudicar a todo un colectivo lo que son comportamientos de una parte del mismo. Por ejemplo, por el hecho de que clérigos musulmanes y autoridades de países árabes hayan reprobado los disturbios, no piense que todos son iguales. Y, al revés, no concluya que “todos los musulmanes son iguales” a partir de la visión televisiva de actos “antioccidentales” y fanáticos. Hay maquiavelos en todos lados. 6.- Cuidado con las personalizaciones. Decir “que no venga un ayatolá a decirme que no puedo hacer tal cosa” hará que usted se emocione todavía más, pero no que usted comprenda. Ningún ayatolá va a venir a decirle nada. Encima, ha habido de todo. Según el “New York Times” algunos clérigos fundamentalistas ¡daneses! habrían recorrido el Oriente Medio enseñando caricaturas todavía peores que las originales aunque lo ahora lo niegan, mientras otros (árabes) han condenado lo desaforado de la reacción. No es tan sencillo saber quién encendió la mecha. En todo caso, no iba contra usted. 7.- Establezca una secuencia de los hechos y no empiece nunca por lo más dramático. Por ejemplo: las caricaturas provocadoras se publican en septiembre de 2005, Sharon es hospitalizado en diciembre, la victoria de Hamás en Palestina fue en enero de 2005 y entonces, y sólo entonces, comienzan las reacciones, al mismo tiempo en que George W. Bush, en su discurso sobre el Estado de la Unión, declara la guerra al “islam radical”. Pero todo esto viene de mucho más lejos. 8.- Pregúntese quién sale ganando. Condoleeza Rice dice que esto favorece a Irán y Siria. Otros dicen que favorece a Israel que controla una parte del presupuesto de la Autoridad Palestina aunque ésta depende de las donaciones de la Unión Europea en cuyos periódicos precisamente se publican esas cosas. Los que salen ganando no tienen por qué ser los provocadores iniciales, pero sí los interesados en que siga y se agrande. Insisto en que ya pasaba cuando el enemigo era el comunismo, no se olvide. Si a usted le tomaron el pelo entonces, no me vuelva a caer en las mismas.
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9.- No crea que “si lo estás viendo, es que está pasando”. Ciertas presencias de fotógrafos y cámaras son sospechosas, y 200 personas pueden ser filmadas de forma que parezcan todo un país. Y no lo son. Pregúntese “qué está pasando y no estás viendo”: así, hay iglesias cristianas en casi todo el mundo musulmán (sirios maronitas, palestinos católicos, egipcios coptos, iraquíes “new born”, paquistaníes anglicanos, kuwaitíes de diversas confesiones) aunque en mayores aprietos en Arabia Saudita, aliado de los Estados Unidos. 10.- La pasión, en su sitio. Buena para la creación artística y para la defensa de una causa, no lo es para el análisis racional de emociones y sensaciones como quería la Ilustración. Ahora bien, todo el mundo sabe que la Ilustración está superada y que ahora somos post-modernos. De todos modos, convendrá recordar que al mismo periódico danés se le propuso, en abril de 2003, publicar unas caricaturas de Jesús de Nazaret, cosa que se rechazó porque se daba por supuesto que el lector medio no iba a entender el caso. Curioso ejemplo de defensa de la libertad de expresión. El islamismo político radical, que se supone es la gran amenaza a la paz mundial, forma un conjunto muy heterogéneo y es preciso intentar entenderlo sin simplificaciones más o menos interesadas. De hecho, es frecuente recurrir al papel de las ideas religiosas en la acción social: partiendo de lecturas fundamentalistas (literales) del Corán, algunos no musulmanes encuentran en el Libro el origen del “mal musulmán”. Con independencia de que, encuesta tras encuesta, las poblaciones árabes o de países de fuerte implantación musulmana defienden y apoyan la democracia, estos hermeneutas afirman la incompatibilidad radical entre creencias musulmanes y democracia. No tiene mucho sentido tal propósito22, como tampoco lo tendría deducir de una lectura interesada de la Biblia judía o cristiana la incapacidad intrínseca del judaísmo o del cristianismo para la tolerancia, la noviolencia, la paz, la comprensión o la mansedumbre. No todos los judíos o cristianos son así, ni todos los musulmanes. Pero el origen no puede quedar reducido a las ideas religiosas transmitidas por el Kitab23. Hay casos en que el islamismo político es, en realidad, el vocabulario que encuentran disponible los descontentos con el funcionamiento de sus sociedades y de las rapiñas de sus respectivas elites y no tanto de los “cruzados”. La causa está en otro sitio, no en las ideas, por más que éstas ayuden. Viendo los casos tan heterogéneos que se han producido, parece que, además de estos factores ideales, hay que incluir algunos factores reales. La pobreza y la desigualdad no son “causa”, pero sí, por lo menos, caldo de cultivo para que aparezcan estos movimientos como se reconoce en la National Strategy for Combating Terrorism24 firmada por George W. Bush en febrero de 2003. También cuenta la inadaptación a nuevos contextos sea por poco interés propio sea por rechazo de la sociedad receptora y, ciertamente y después de la ocupación de Iraq, la reacción ante la humillación, las torturas y las profanaciones, cuando no las
22 Mahmood Mamdani, “From piety to politics”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 23 En este sentido, es ilegítimo deducir que si hay presencia de comunidades wahabitas o de madrasas financiadas por Arabia Saudita en un determinado territorio, pongamos Chiapas, ya por eso todos esos musulmanes son “terroristas” o, lo que sería todavía más discutible, los zapatistas son sospechosos de connivencia con este “terrorismo”. 24 Accesible en www.whitehouse.gov/news/releases/2003/02/counter_terrorism/counter_terrorism_strategy.pdf
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provocaciones desde fuera o las manipulaciones de los propios gobiernos árabes. Como muestra el caso a propósito de las caricaturas del “Jyllands-Posten”, reproducidas después en otros medios, no es tan sencillo atribuir una sola causa a fenómenos tan complejos ni, mucho menos, reducirla a una mera cuestión de libertad de expresión que los mismos actores no reconocen para otros asuntos25. A mayor abundamiento, las consideraciones sobre los orígenes no agotan las preguntas sobre este tipo particular de islamismo. Es legítimo preguntarse por sus posibles propósitos u objetivos. Los inicios pueden remontarse a 1996 o 1998 cuando se firmó el acuerdo del “Frente Islámico Mundial para la Yihad contra los Judíos y los Cruzados”26. El primer y más evidente objetivo es el de utilizar ese instrumento (el terrorismo es un medio, no una ideología) para influir o reaccionar en las relaciones “Norte-Sur”. No se excluye la venganza (por lo menos eso dicen los videos o mensajes por internet atribuidos a Al Qaeda o a Osama ben Laden) o la recomposición de esas relaciones sin que, por cierto, se plantee una alternativa al capitalismo. El segundo, y normalmente olvidado en el Norte, es el de influir en determinados países con mayoría islámica como Arabia Saudita, Marruecos, Pakistán, Egipto o Jordania que han sido objeto de ataques terroristas como los Estados Unidos, España o Inglaterra. Finalmente, el ataque terrorista busca el reconocimiento de la organización y funciona como una forma de lograr notoriedad y, así, ampliar sus bases sociales hoy por hoy muy minoritarias a lo que parece. 3.- La lógica de las cosas Las ideas y percepciones, como se ha venido apuntando, no existen ajenas a su contexto material. El mundo contemporáneo es un mal caldo de cultivo para comprender al diferente. Un mes antes de las elecciones italianas del 9 de abril de 2006, Umberto Eco escribía27: No hay descontento, por justificable que sea, que pueda equipararse con el temor de una involución fatal de nuestra democracia, con la indignación que siente todo demócrata sincero frente al estrago que se ha hecho con las leyes, la división de poderes, el sentido mismo del Estado. Es esto lo que todos nosotros debemos repetir a los amigos indecisos y desilusionados. De ellos y de su compromiso dependerá que Italia se libre de seguir siendo durante otros cinco años territorio de rapiña de defensores de sus intereses privados… El estrago al que se refería Eco personalizándolo en Berlusconi (que, por cierto, perdió por unos escasos 20.000 votos) no sería muy diferente del que otros observadores en otros países podrían constatar sobre su propio sistema político donde el respeto a las leyes, la división de poderes y el mismo sentido del Estado se encuentran en dificultades. En todo caso, y con independencia de estos extremos, sí son detectables, a escala mundial, casos de desencanto con la democracia que tal vez sean ya mayoritarios pues fuerte es la presión que lleva hacia
25 Es el caso del carácter delictivo que tiene en Francia, Alemania y España la mera discusión científica (empírica) sobre la existencia y alcance de la “shoah”, el holocausto de los judíos a manos nazis o el rechazo, en enero de 2003 según informó The Nation, de la publicación de caricaturas de Jesús de Nazaret en el mismo periódico danés en que se publicaron las del profeta Mahoma. 26 Raffi Khatchadourian, “Behind enemy lines”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 27 Umberto Eco, “Salvemos la democracia” en libertaegiustizia.it, con traducción al castellano accesible en www.rebelion.org/noticia.php?id=27918
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esa desilusión y que es observable por lo menos desde el llamado síndrome del 11-S28. Vayan algunos datos que toman ciudadanía en su sentido más general, preocupado menos por las formalidades de inclusión en el rango administrativo de ciudadano y sí preocupado por la relación entre el individuo y su sistema político. Se puede comenzar por la serie del Latinobarómetro. Con datos de 2005, los latinoamericanos encuestados no se muestran particularmente contentos con su democracia. Preguntados sobre su país y con la opción entre un 0 (no democrático) y un 10 (totalmente democrático), la media se encuentra en un 5,5, con algunos países claramente por encima de dicha media (Venezuela -7,6 que es la calificación más alta-, Costa Rica, Uruguay y Chile, por ese orden) y otros claramente por debajo de la misma (Perú, Nicaragua, Ecuador y Paraguay -4,2 que es la nota más baja-). Puesto en términos temporales, aunque la tendencia no es clara desde 1996 que comienzan estos Latinobarómetros, es difícil sustraerse a la impresión de que puestos en la disyuntiva entre democracia y dictadura (“La democracia es preferible a cualquier otro gobierno”, “Bajo ninguna circunstancia apoyaría a un gobierno militar”) la tendencia juega contra la democracia aunque con notables diferencias de país a país. México es el país en el que más disminuye el porcentaje de los que creen que “en determinadas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático” hasta quedar en un 13 por ciento de los encuestados mientas que el Paraguay es el país en el que más aumenta hasta alcanzar el 44 por ciento de la población. Los siete países analizados por el Pew Research Center (estudio publicado el 5 de enero de 2006) muestran algo semejante. En cuatro de ellos (Marruecos, el Líbano, Turquía, Indonesia y Jordania), son más los que creen que hay que apoyarse en gobiernos democráticos antes que en un liderazgo fuerte. En Marruecos, incluso se alcanza un 73 por ciento de favorables a un gobierno democrático. Sin embargo, en Pakistán y en Rusia sucede lo contrario: son más (53 y 66 por ciento respectivamente) los que prefieren un liderazgo fuerte antes que un gobierno democrático. No es, con sus luces y sombras29, un malestar exclusivo de algunos países latinoamericanos o árabes. Desde 1976, los Eurobarómetros hacen oscilar el porcentaje de los satisfechos con el funcionamiento de su democracia en torno al 50 por ciento aunque con baches, en los años 90, en los que se ha bajado del 40 por ciento. También aquí hay diferencias entre países (en Italia aparecen porcentajes de satisfacción que llegan a un mínimo del 10 por ciento aunque, a pesar de lo dicho por Eco, recuperándose en los últimos años) e incluso dentro de países como es el caso de la unificada Alemania en la que el porcentaje de satisfechos con la democracia es sensiblemente mayor en el territorio de la antigua Alemania Federal que en la antigua Alemania del Este. La situación española tampoco es excepcional. En el barómetro 2.633 de enero de 2006 el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntaba qué dos clases de sentimientos le inspiraba principalmente la política al entrevistado. Las respuestas eran inequívocas: el
28 José María Tortosa, “Elementos fascistas en el síndrome del ’11 de septiembre’”, Sistema (Madrid), 167 (2002) 41-55. 29 Véase Aníbal Quijano, “El laberinto de América Latina: ¿Hay otras salidas?”, Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, X, 1 (2004) 75-97.
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entusiasmo, el compromiso y el interés por la política, no alcanzaban a la cuarta parte de los entrevistados frente a un 30 por ciento al que la política produce desconfianza, 15 por ciento aburrimiento, 18 indiferencia e incluso, en casi un 8 por ciento, irritación. Los Estados Unidos no están exentos de problemas30. Un estudio de Harris Interactive (publicado el 2 de marzo de 2006) mostraba bien a las claras en quiénes confiaban los estadounidenses entrevistados: en los últimos 6 años, el Congreso y el ejecutivo federal se encontraban entre los puestos más bajos mientras que el máximo de confianza lo obtenía el ejército. Pero, en todo caso, con clara tendencia decreciente incluso para el ejército que, aunque en 2006 alcanzaba la confianza del 47 por ciento de los encuestados, se encontraba bien lejos del 71 por ciento que había alcanzado en 2002. La Casa Blanca obtenía la confianza del 25 por ciento de los entrevistados (el Congreso del 10 por ciento), la mitad de lo obtenido en 2002. Por seguir con el caso de los Estados Unidos (pero aplicable a muchos otros, por no decir a todos) está el grado de engaño al que los gobernantes someten a sus ciudadanos y que éstos aceptan gracias a la ayuda de los medios de comunicación de masas. Tal vez el caso más evidente sea el porcentaje excesivamente alto de estadounidenses que todavía cree que Sadam Husein tenia armas de destrucción masiva (26 % en diciembre de 2005, habiéndose reducido desde el 41 % que lo llegó a opinar en octubre de 2004), el 41 % que todavía creía que Husein tenía lazos con Al Qaeda y el 24 % que creía que varios secuestradores del ataque del 11-S eran iraquíes (24 % en diciembre de 2005, pero 44 por ciento en febrero de ese mismo año)31. Las encuestas hechas a soldados estadounidenses ocupando Iraq sobre el por qué se encuentran en el país eran también reveladoras32: Un 93 % afirmaba que no era por la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, pero un 85 % decía que era como “represalia por el papel de Sadam Husein en el 11-S”, un 77 % que se trataba de “detener la ayuda de Sadam a Al Qaeda en Iraq” y ya, en porcentajes mejores, que se trataba de “establecer una democracia que pueda ser un modelo para el mundo árabe” (24 %), asegurar el abastecimiento de petróleo (11 %) y proporcionar bases a largo plazo para las tropas estadounidenses en la región (6 %). El desencanto con la democracia parece que guarda una relación, como sugiere Umberto Eco, con el nivel de corrupción que los ciudadanos perciben en su vida cotidiana y en sus medios de comunicación. No se trata, obviamente, del muy discutible “índice de (percepción de la) corrupción” que publicita todos los años Transparencia Internacional y del que hay abundantes motivos para dudar. En todo caso, no es un índice de corrupción como parecen suponer algunos informes sino de percepción, desde fuera, de la corrupción, con las más que probables secuelas de profecía que se autorrealiza y con los evidentes errores al comparar las pequeñas corrupciones (“mordidas”) con la corrupción generalizada utilizando el gobierno federal como se sabe sucede en los países enriquecidos y, en concreto, en los Estados
30 Véase José María Tortosa, Democracia made in USA. Un modelo político en cuestión, Barcelona, Icaria, 2004. No deja de ser curioso que los gobiernos de países árabes más cercanos al gobierno de los Estados Unidos se encuentren, en muchos casos, entre los menos democráticos, como es el caso de la Unión de Emiratos Árabes, Arabia Saudita o Kuwait. 31 The Harris Poll, difundido el 29 de diciembre de 2005. 32 Le Moyne College/Zogby Poll, publicada el 28 de febrero de 2006.
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Unidos33 y los supuestos “índices” no reflejan34. Tal vez, diga lo que diga Transparencia Internacional y su supuesto y poco fiable “índice de (percepción de la) corrupción”, el porcentaje de gente que practica la corrupción sea mayor en Cuba, según denuncia Fidel Castro, que en los Estados Unidos, pero el porcentaje de dinero corrupto sobre el Producto Interno Bruto es, casi con certeza, menor. El nivel de corrupción empresarial es, realmente, considerable en los Estados Unidos siendo visibles y bien documentados los logros de contratos gubernamentales sin licitación, abusivos y sin control además de la corrupción convencional (venta de favores políticos a cambio de dinero) con casos como Abramoff, DeLay o las empresas de los actuales gobernantes que empequeñecen las mini-corrupciones de otros países. Aquello sí que es “business politics”, política de los negocios. Este asunto tiene particular trascendencia para el siguiente tema: de hecho, en el estudio “Recursos mundiales 2006: La riqueza del pobre” resultado conjunto del PNUMA, PNUD, BM e IRM, quedaba claro que a escala de la comunidad, los pobres consideraban mucho más eficaces a las organizaciones propias, a las instituciones religiosas y a las ONG muy por encima de Ayuntamientos y Ministerios que recibían los porcentajes más altos de respuestas en el sentido de considerarlos menos eficaces. Si todo esto es así, la emergencia de partidos antidemocráticos y xenófobos es comprensible. Mucho más si la “crisis de las democracias” va acompañada de pobreza y violencia. Para no llamarse a engaño, conviene percatarse de que el discurso sobre el desarrollo, dominante en los años 60-70, ha ido disminuyendo, siendo sustituido primero por “cooperación al desarrollo”, después por “cooperación” tout court o también “ayudas” y, al ver que ésta tampoco funcionaba, fue sustituida por “lucha contra la pobreza” para terminar, en muchos casos, en una sencilla y técnica “lucha contra el hambre” que no pone en cuestión los mecanismos que la producen y se queda en la De subventione pauperun sive de humanis necessitatibus (1526) de Luís Vives. Los mapas de la pobreza son bastante coherentes si ponemos en el gráfico la población que vive con menos del equivalente a 2 dólares USA al día que es una de las medidas que usa el Banco Mundial, el porcentaje de población subnutrida según la FAO o el consumo insuficiente de calorías por persona y día que también calcula la FAO. Sobrealimentados y con problemas de sobrepeso en un lado y muerte por hambre en el otro. Es difícil saber si estas cifras han aumentado o disminuido en los últimos tiempos. Son, obviamente, datos de difícil logro y pueden ser manipulados interesadamente de maneras muy distintas. Tomando los datos del Banco Mundial como buenos (cosa que, hay que insistir, produce muchas reticencias), sí parece que ha aumentado el número absoluto de personas que no llega al equivalente a los 2 dólares USA al día (a paridad de poder adquisitivo, que es donde reside una de las dificultades del cálculo). Entre 1991 y 2001 -último dato ofrecido por el Banco- el porcentaje habría disminuido (en todo caso, estaríamos hablando de más del 50 por ciento), pero la cifra absoluta habría aumentado. Visto este contexto, no tendría que 33 Algunos ejemplos al azar y de medios diferentes: Mark Rice-Oxley, “Why graft thrives in postconflict zones”, The Christian Science Monitor, 17 de marzo de 2005; Craig S. Smith, “Poor planning and corruption hobble the rebuilding of Iraq”, The New York Times, 17 de septiembre de 2005; Richard Cohen, “Culture of intellectual corruption”, The Washington Post, 9 de marzo de 2006. 34 Véase VV.AA., Vicios públicos. Poder y corrupción, Óscar Ugarteche comp., México, Fondo de Cultura Económica, 2005 y, en particular, la contribución de Miguel Ángel Mateo, “Corrupción política. Enfoques y desenfoques desde la cultura, la economía y la propia política”, págs. 307-328.
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extrañar que tuviese efectos sobre los niveles de violencia en el mundo. Sin embargo no es exactamente así. Es cierto que la violencia, medida como tasa de homicidios por 100.000 habitantes, y con las anomalías de algunos sucesos puntuales como Lesoto en 1976 y Ruanda en 1994, parece haber iniciado un ligero ascenso en los últimos 10 años, con claras diferencias por regiones y, en particular, con aumentos más claros si se separan las tasas de los países centrales y las de los periféricos, siendo el aumento en estos últimos mucho más claro, lo cual ya tendría que llamar a reflexión. También es cierto que, si se trata de número de muertes en conflictos armados o porcentaje de las mismas sobre el total de la población mundial, el incremento que supuso el siglo XX sobre los anteriores es ciertamente visible. El Informe sobre el Desarrollo Humano 2005, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se encargaba de documentarlo. El siglo XX habría producido casi 10 veces más muertos que el siglo XIX (109 millones según esos cálculos) y su porcentaje habría ascendido a más del 4 por ciento frente al 1,6 que había supuesto el siglo XIX, con el agravante de que, progresivamente, las guerras han tenido cada vez más víctimas civiles (niños y mujeres sobre todo). Sin embargo, la mayoría de intentos de cuantificar las tendencias generales en lo que se refiere a conflictos violentos o conflictos por la autodeterminación, dan, partiendo de 1950, un paulatino incremento en todas las variables consideradas, cosa que deja de suceder a partir de los años 90, en torno a los avatares de la Unión Soviética (1989, caída del Muro del Berlín; 1991 colapso del PCUS y, con él, de la Unión Soviética). Curiosamente, lo mismo se podía decir a propósito de los ataques terroristas documentados por el estadounidense “National Counterterrorism Center”: con un máximo en 1987 y un segundo puesto para 1991, es difícil sustraerse a la impresión de que los ataques terroristas estaban disminuyendo incluso contando hechos extremos, publicitados y de dudosa catalogación como el 11 de septiembre de 2001. De todas maneras, parece ser que algo ha cambiado, como ya se ha dicho. Según los cálculos del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, en 2003 habría habido 172 ataques significativos a escala mundial... pero 655 en 2004 y 11.111 en 2005. Es decir, que la invasión de Afganistán primero y la ocupación de Iraq después habrían sido un detonante para un aumento de violencia de tipo terrorista hasta alcanzar los niveles más altos que la publicación había obtenido históricamente. No toda la opinión pública conocida estaría igualmente de acuerdo con estos propósitos. Entre los 36 países estudiados para World Public Opinion con datos publicados el 27 de febrero de 2006, México destacaba por tener el mayor porcentaje de los que pensaban que la ocupación de no había influido en el aumento de ataques terroristas. Le seguían, a mucha distancia, los Estados Unidos, Brasil, Canadá y Rusia. Egipto, la China y Corea del Sur presentaban mayores porcentajes de gente que opinaba que sí había influido. Nigeria, Tanzania y Kenia, por su parte, daban porcentajes relativamente más altos en el sentido de opinar que la guerra de Iraq había influido en la disminución del terrorismo. La lógica de las cosas o, si se prefiere, el enfoque “materialista” sobre el problema de la xenofobia, tiene que incluir un último elemento que favorece la incomprensión del diferente y
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es el fenómeno, a escala mundial, de unas clases medias menguantes y asustadas35. Sus frustraciones, inseguridades y temores son un caldo de cultivo para la manipulación de su potencial xenófobo. Cierto que lo que se haga por fomentar la comprensión del diferente, según la perspectiva “idealista”, será, desde el punto de vista de la convivencia pacífica, mejor que si no se hace. Pero estos intentos por comprender serán poco eficaces si no van acompañados por intentos, igualmente decididos, de afrontar las cuestiones no sólo de la ciudadanía, la pobreza o la violencia sino, sobre todo, los efectos que sobre las clases medias está teniendo, sin ir más lejos, en ambas orillas del Mediterráneo y en ambas orillas del Atlántico.
35 Véase José María Tortosa, “De nuevo el nuevo (des)orden mundial”, VV.AA., Agenda de la globalización. Problemas, Francisco Jarauta ed., Foro de la Mundialización, Murcia, Fundación Cajamurcia, 2005, págs. 15-47.Para comprender al diferente1
José María Tortosa Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz
Universidad de Alicante Las ideas centrales de este trabajo se pueden resumir en tres puntos: 1.- Antes que nada, es preciso reconocer que la xenofobia, el rechazo del diferente, es normal ya que es normal la percepción del diferente como un peligro que el instinto de conservación aconseja que se rechace, evite o destruya sin perder el tiempo intentando comprenderlo. 2.- La comprensión del diferente es una respuesta igualmente normal, más elaborada y “civilizada” que la anterior que es común con los demás animales, pero tiene sus dificultades. 3.- En todo caso, la comprensión del diferente no lo resuelve todo ya que hay factores externos a la comprensión que tienen que ser abordados. 1.- La reacción de rechazo ante el diferente Ahora sabemos que la reacción del cerebro ante el estímulo es inmediata cuando se trata de supervivencia y se produce en una parte del cerebro llamada amígdala. Después es evaluada y, eventualmente, corregida por la reflexión que se sitúa en el neocórtex2. Buena parte del material producido desde esa perspectiva de interacción está muy lejos del viejo biologismo como lo está del sociologismo. Aplicándolo a la cuestión de la xenofobia, que es uno de los opuestos de comprender al diferente, se pueden ver las complicadas relaciones entre sociedad y cerebro. Resulta que el lugar del cerebro donde se reflejan los miedos y, sobre todo, los que tienen que ver con la defensa propia es, en efecto, la amígdala y ésta se activa cuando se ve a alguien diferente cuyo comportamiento no podemos predecir precisamente porque es diferente. Sucede con la reacción de desconfianza ante otras “razas”. Hasta ahí, ningún problema. Ya se sabía que la xenofobia es un reflejo que tienen los animales cuyo instinto de supervivencia les produce ese rechazo que puede ser agresivo. Es de animales, en efecto, el “ataque preventivo” tal y como lo conocemos. En ese contexto, y para lo que aquí nos ocupa, se descubre que, cuando se trata de gente “diferente”, ese lugar del cerebro que reacciona ante la amenaza, no es tan activo si el individuo ha viajado y ha conocido ya a distintos “diferentes”. Con el mismo procedimiento de mostrar de manera muy rápida fotografías de varios “diferentes” y ver si la amígdala reaccionaba más o menos o nada, se compararon los resultados de las personas que tendían a ver a los demás como parte de categorías generales y los que tienden a verlos como individuos únicos e irrepetibles. Lo fascinante es que los segundos tenían una menor reacción en la amígdala que los primeros cuando se les presentaban las fotos de “diferentes” y en consecuencia potencialmente amenazantes al no
1 Presentado en el Congreso Internacional “Alianza de civilizaciones. Buscando caminos hacia la Paz Mundial”, Centro Islámico de Valencia, 9 de julio de 2006. 2 Benjamin Libet, Mind Time: The temporal factor in consciousness, Cambridge y Londres, Harvard University Press, 2004.
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poder predecir su comportamiento3. Es igualmente sugestivo saber que la actividad de la amígdala ante personas de otra “raza” se debe más al contexto cultural del individuo que a lo diferente que pueda ser. Así, en un contexto caracterizado por fuerte presencia del racismo, algunos negros reaccionaban de la misma forma que los blancos ante las fotografías de negros, estigmatizados en dicha sociedad4. Véase qué sucede con la presentación de los datos de una misma fuente e imagínese a qué tipo de percepción del diferente está produciendo cada una de ellas. Se trata de cómo presentaron los resultados de un Barómetro del Real Instituto Elcano dos periódicos de referencia5. El primero, ABC, titulaba “El 68% de los españoles ven ‘violentos’ a los países musulmanes, y el 79%, ‘intolerantes’” y subtitulaba “Siete de cada diez ciudadanos temen que se esté produciendo un ‘choque de civilizaciones’”6. El País, por su parte, titulaba “El 61% de los españoles apoya la ‘Alianza de Civilizaciones’” y subtitulaba con “Un 57% critica la publicación de caricaturas sobre Mahoma, según el Instituto Elcano”. Dejando la anécdota, existen por lo menos dos formas extremas de definir el problema de la xenofobia, del rechazo del diferente, que se presentan a continuación tomando como hilo conductor el caso extremo de rechazo del “otro” que es la guerra. En los últimos 5.000 años parece que la especie ha dedicado más tiempo a la paz que a la guerra. Es la llamada “paz imperfecta”7. Sin embargo, ese mayor tiempo sin guerra no ha estado exento de conflictos, situaciones de opresión o marginación y pulsiones de codicia y ambiciones personales y, tal vez, colectivas. Estos factores han llevado a frustraciones que han producido un aumento de agresividad y que se han resuelto en guerra, guerra civil o violencias más o menos difusas. En estos procesos ha sido frecuente, cuando no determinante, el que los líderes políticos hayan arrastrado a sus pueblos a esos combates por ambición territorial o por proyección hacia el exterior de las contradicciones domésticas. Una versión alternativa sería la siguiente: la guerra es una institución cultural que, como tal, reside en las mentes de los humanos que creen que ésa es la mejor forma de afrontar algunas cuestiones frente a los “otros”, los “diferentes”, y que debe ser promovida con términos gloriosos, heroicos, las más de las veces viriles y en muchos casos religiosos. Estas dos posturas llevan a sendas iniciativas para evitar la guerra. Unos, llamémosles “materialistas”, propondrán la democracia (con fortalecimiento del Estado y lucha contra la corrupción), el respeto a los derechos humanos, el desarme (con particular atención al comercio de armas cortas) y un desarrollo como lucha no sólo contra la pobreza o el hambre, sino también contra las desigualdades. Esta perspectiva había recibido la atención del Banco Mundial y ha tenido dos ejemplos recientes: el capítulo 5 (“Conflicto violento: identificar la
3 Matthew D. Lieberman y J.H. Pfeifer, “The self and social perception: Three kinds of questions in social cognitive neuroscience”, en Cognitive neuroscience of emotional and social behavior, A. Easton y N. Emery eds., Filadelfia, Psychology Press, 2005. 4 Matthew D. Lieberman y otros, “An fMRI investigation of race-related amygdala in African-American and Caucasian-American individuals”, Nature Neuroscience, VIII, 6 (2005) 720-722. 5 ABC y El País, ambos a 19 de abril de 2006. 6 En el cuerpo de la noticia se hacía saber que el porcentaje era del 74 por ciento y se añadían las matizaciones que los especialistas del Real Instituto Elcano hacían al respecto. 7 VV.AA., La paz imperfecta, F. Muñoz ed., Granada, Universidad de Granada, 2001.; Francisco Muñoz, “La paz”, en VV.AA., Manual de Paz y Conflictos, B. Molina Rueda y F.A. Muñoz eds., Granada, Universidad de Granada, 2004, cap. 1.
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verdadera amenaza”) del Informe sobre el desarrollo humano 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Informe sobre la situación social en el mundo 2005: el dilema de la desigualdad de las Naciones Unidas, en su capítulo IV (“Desigualdades e integración social”). La propuesta de los segundos, que podrían ser llamados “idealistas”, sería otra: si la guerra está en las mentes, hay que sustituirla ahí mismo por la paz, según se afirmaba ya en la “Declaración de Sevilla sobre la violencia” a 16 de mayo de 1986 y llevaría a la campaña de Cultura de Paz promovida desde la UNESCO. Reconociendo el papel de las ideas en las acciones humanas, su punto de apoyo está en las ideas mismas, de forma que si encontramos grupos enfrentados por sus ideas, habrá que buscar compatibilidad o entendimiento entre ellas o, si fuera posible, habrá que buscar una idea distinta que trascienda a las enfrentadas. En todo caso, el diálogo entre diferentes es la estrategia central de esta perspectiva. Estos enfoques no agotan las posibilidades de afrontar las violencias. El dominante en el mundo no ha sido ninguna de las anteriores sino que ha sido el militarista: si vis pacem, para bellum, es decir, la guerra se evita preparándose para la guerra, y la mejor forma de enfrentarse a la violencia es mediante la violencia misma o su amenaza. En general las respuestas actuales sobredimensionan esta eventualidad mientras infravaloran (o niegan) el papel de la seguridad humana, de los factores subyacentes y del “diálogo preventivo”. Quizá el ejemplo paradigmático fue el discurso del entonces Presidente español José María Aznar ante la LVIII Asamblea de Naciones Unidas: no tiene sentido preguntarse por las causas del terrorismo, diría; lo que hay que hacer es derrotarlo. En la misma dirección van los documentos firmados por el segundo presidente Bush, National Security Strategy for the United States of America, desde septiembre de 2002 a marzo de 2006 en que se reafirma la doctrina del ataque preventivo antes de que se materialice la amenaza y se desdeñan las causas sean “materialistas” o “idealistas”8 . 5.000 años de historia tendrían que haber enseñado que esta última estrategia, aislada, suele generar más muerte y destrucción. No es realista9. La mejor prueba es la ocupación de Iraq que, por ahora, ha hecho aparecer terrorismo en un país en que no lo había, ha multiplicado el “torturismo”, ha islamizado una Constitución laica, ha instalado una cultura de la violencia, ha dado pie a una guerra civil y ha elevado el número de ataques terroristas a escala mundial. Es muy probable que lo que mayor seguridad proporciona a los ciudadanos sea una mezcla de los tres enfoques (el policial-militar también), siempre suponiendo que ésa es la finalidad de la clase política y no la de lograr o mantenerse en el poder a toda costa, incluyendo la manipulación de la inseguridad para conseguirlo. Y los tres, combinados, suponen la mejor prevención. Si no hubiese intereses creados bien organizados a escala mundial, dedicaríamos mayor esfuerzo a esa prevención. Algunas situaciones, como la de Ruanda, están bien estudiadas. Sin embargo, los productores y vendedores (oficiales o contrabandistas) de armas son un grupo de presión importante y hacen olvidar que la única solución, en muchos casos, es la prevención y la única práctica preventiva es la resolución de los problemas que causan los
8 Véase George W. Bush, National Security Strategy for the U.S.A., marzo de 2006, en www.whitehouse.gov. 9 Ver Vicent Martínez Guzmán, Filosofía para hacer las paces, Barcelona, Icaria, 2001 y Vicent Martínez Guzmán, Podemos hacer las paces. Reflexiones éticas tras el 11-S y el 11-M, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2005.
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enfrentamientos. Son, en efecto, las escaladas de armamentos las que suelen terminar en enfrentamiento armado. En el siglo XX los muertos por la guerra alcanzaron una proporción, con respecto a la población total, desconocida hasta entonces. El siglo XXI amenaza con no quedarse atrás, y los efectos humanos y económicos de esas guerras son fáciles de evaluar tanto si se producen entre países de la periferia (como sucede ahora con la mayoría de guerras) como si llegan a enfrentamientos entre superpotencias por la hegemonía sobre el resto del mundo, que no otra cosa fueron las Guerras Mundiales y el particular caso de la Guerra Fría. Además, y con raíces históricas conocidas, se ha hecho evidente el papel violento peculiar asumido recientemente por lo que se podría llamar yihad salafista internacional o islamismo político radical, utilizado ahora por el fundamentalismo estadounidense para legitimar su particular “guerra contra el terrorismo”, después de haberlo utilizado directamente contra el comunismo o contra el nacionalismo árabe. Ahora bien, como muestran la Yihad Islámica en Palestina, el IRA en Irlanda y el de ETA en Euskadi, enfocar el problema como “guerra” es una de las mejores maneras de no resolverlo y más si el enfrentamiento está “desterritorializado” como sucede con los nuevos movimientos transnacionales. Pero este último problema es real y, sin duda, exige respuestas policiales-militares de seguridad, protección, colaboración entre cuerpos y entre países, infiltración, control de las finanzas y de los materiales, persecución, desmantelamiento etcétera. Sin embargo, se precisan los otros dos enfoques, además de la salvedad reiterada sobre el enfoque policial- militar: Nunca debe aplicarse violando los derechos humanos ya que, en tal caso, consigue lo contrario de lo que dice perseguir. Pero hay problemas. Por su parte, el campo de los “idealistas” los tiene si no quieren quedarse sólo en la educación para la paz y en decir que se va a comprender al diferente. En efecto, poco se puede hacer con lecturas fundamentalistas del Corán hechas por no musulmanes que encuentran allí lo que encontraría una lectura fundamentalista de la Biblia, sesgada en el mismo sentido que la anterior. Es también problemático tomar directamente las ideas religiosas cuando no son la causa del comportamiento sino el vocabulario con que se expresan los conflictos. Además, no es fácil encontrar un interlocutor, musulmán o cristiano, que represente las ideas de todo el colectivo: ni el Papa, ni la Reina de Inglaterra ni, por definición, las iglesias ortodoxas acéfalas (¡sic!) son representativos. Y lo mismo sucede con las diferentes divisiones del Islam. El lado “materialista” tiene una larga tradición en cuanto a propuestas, pero no ha ido acompañado en ningún momento por políticas reales (más allá de las retóricas como el 0,7 ó los Objetivos del Milenio) sobre desigualdad, pobreza, derechos humanos, desarme y democratización que, obviamente, tendrían que aplicarse no sólo a una parte de los implicados sino a todos y, por tanto, también a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Como sabemos que la peor manera de solucionar un problema es plantearlo de manera simplista, la búsqueda de las causas de las viejas guerras y las nuevas violencias ha de ir acompañada por el conocimiento de los objetivos que persiguen los actores implicados: no es indiferente el que unos no quieran tomar el poder y los otros quieran mantenerlo a escala mundial, que difieran en el propósito de “cambio de régimen” aplicado a países diferentes y en sentidos diferentes y que usen, unos y otros, la violencia como medio para minar la seguridad de los contrarios. Y esa violencia va más allá de la guerra. Incluye atentados, tortura, genocidios, “politicidios” y hasta mera explosión nihilista ante la frustración y el desencanto.
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2.- La incomprensión No puede negarse la existencia de fenómenos de incomprensión del “otro” en forma de xenofobia, antisemitismo (y su subespecie, el antijudaísmo), la islamofobia, el anticristianismo, el antiamericanismo o el antioccidentalismo. Son fenómenos que tienen que ver, en algunos casos, con la religión, las creencias y las diversas formas de ver las creencias diferentes de la propia. La profundidad y extensión de la piedad no son el problema. En los Estados Unidos el porcentaje de “born again” se ha mantenido casi inalterado desde 1991 en torno al 40 por ciento de los encuestados10y casi el 80 por ciento declara que la oración forma parte importante de su vida diaria11. problema empieza a plantearse cuando se entra en el terreno del fundamentalismo, es decir, en la creencia firme de que lo que dice el Libro Sagrado debe ser entendido de manera literal12. el caso, por ejemplo, de las teorías darwinistas sobre el origen de las especies y su contrapartida creacionista o del diseño inteligente. El hecho es que distintas encuestas en los Estados Unidos muestran que las creencias sobre el origen de las especies tal y como las expuso Darwin son minoritarias (en torno al 30 por ciento) frente a los que creen que la Biblia debe ser tomada en términos literales (al rededor del 60 por ciento según unos cómputos y 42 por ciento en las estimaciones mínimas)13. ero todavía no se ha planteado el problema más complicado de cara al diferente y es el integrismo, la idea según la cual lo que dice el Libro Sagrado debe convertirse en ley civil contra cualquier intento de separar la creencia religiosa y la práctica política y con independencia de que existan practicantes de otras religiones con otros códigos en su respectivo Libro y tan ciudadanos como los anteriores aunque no compartan sus creencias. Algunas encuestas dan a entender que el integrismo, por lo menos en el sentido de que los líderes religiosos deberían intentar influir en las decisiones de los gobiernos, alcanza a más de la tercera parte de la población analizada en el caso de los Estados Unidos14. problema se hace ya grave para el diferente cuando el movimiento fundamentalista e integrista consigue organizarse políticamente y acaba influyendo objetivamente en las decisiones de un gobierno que, en teoría, debería responder a las demandas de los ciudadanos que no comparten esas creencias. Ése ha sido el problema, de nuevo en los Estados Unidos, con los diferentes movimientos que, a partir del Fundamentalist Movement o de los Christian Zionists del siglo XIX se han organizado como New Religious Right, Moral Majority (después Liberty Federation), Christian Voice y, sobre todo, la Christian Coalition, aunque esta última ha tenido serios problemas recientemente y ya no puede saberse con certeza el número real de sus miembros.
10 Gallup, 2 de diciembre de 2005. 11 Diageo/The Hotline Poll llevada a cabo por Financial Dynamics, octubre de 2005. 12 Una variante más suave consiste en insistir en que no hay contradicción entre lo que dice la ciencia y lo que dice el Libro como si la ciencia y la religión pertenecieran al mismo campo epistemológico. Véase, por ejemplo, para la astronomía, Kamel Ben Salem, “The evolution of the universe: A new vision”, Pacific Journal of Science and Technology, VI, 1 (2005) 37-55 o, antes y para la arqueología, Werner Keller, Y la Biblia tenía razón, Barcelona, Omega, 1959. 13 Pew Research Center, 30 de agosto de 2005 y The Marttila Communications Group (para la Anti-Defamation League, judía), 25-30 de octubre de 2005. Los que no siguen a Darwin se dividen en dos grupos: los creacionistas -el mundo se creó según dice la Biblia- y los partidarios del diseño inteligente -pudo haber evolución pero guiada por Dios-. 14 Associated Press / Ipsos poll, junio de 2005. Entre los países estudiados, España y Francia estarían entre los que esa opinión está relativamente menos difundida (17 y 12 por ciento respectivamente). Estados Unidos con un 37 por ciento e Italia con un 30 estarían a la cabeza. En Italia se está organizando el movimiento de los teoconservadores que encaja en esta discusión. Para los Estados Unidos, véase John Sugg, “A Nation under God”, Mother Jones, diciembre 2005 - enero 2006.
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Vayan ahora algunas reflexiones sobre el islamismo político radical15 , para ser exactos, sobre el modo con que se ve el problema en países europeos y en los Estados Unidos. De entrada, puede ser engañoso el uso de la palabra fundamentalismo para referirse a este problema; lo mismo puede decirse de fundamentalismo islámico; y, con mucha más razón, de terrorismo islámico. Hay otros fundamentalismos (protestantes, católicos), la mayoría de las poblaciones árabes o musulmanas no es fundamentalista y, en todo caso, el terrorismo no es una ideología o un movimiento sino un método que no es exclusivo de una religión o de otra16. Desde esta perspectiva, es notable el reduccionismo con que en Europa y los Estados Unidos se plantea la cuestión. Preguntar por la confianza que le merece Osama ben Laden, aunque las respuestas no dejan de tener interés17, una forma de impedir la comprensión del diferente que no se reduce a Al Qaeda18, cuya historia comienza el 11-S, ni es todo “martirio” ni “fundamentalismo” ni todos pretenden lo mismo ni el único terrorismo es el llamado “terrorismo global” o “islamismo radical”19. Es, en muchos casos, parte de una determinada propaganda o publicidad masiva que, al igual que otras propagandas, acaban influyendo en las percepciones mutuas que aparecen en países de mayoría cristiana o de mayoría musulmana y donde, encuestas en la mano, el problema no es tanto el de cómo se ven unos a otros sino el de como la cuestión de los judíos media en esas percepciones20. Esas propagandas tienen, en muchos casos, un evidente componente geopolítico que no es ahora momento de desglosar21. Teniendo estas consideraciones en mente, se pueden dar algunos consejos para evitar la publicidad masiva que ayuda a no comprender al diferente y cuyos efectos sobre el fervor de amplios sectores cristianos, musulmanes y ateos hacen pensar que se trata de propaganda de guerra, ésa que obliga a alinearse con nosotros o contra nosotros, sin permitir un mínimo de racionalidad y sin aceptar ningún grado de empatía con la posición del presentado como “contrario”. Como en los tiempos del comunismo, pero con más facilidad ahora, y con la misma idea de que son los “otros” los que provocan. Se toman, como referencia, las reacciones ante las caricaturas del “Jyllands-Posten”, pero puede ser generalizado a otros conflictos relativos al “diferente”. 1.- “Keep it cool”. Lo primero que hay que hacer es tranquilizarse. Es cierto que el ardor guerrero que genera permite descargar agresividades producidas por asuntos personales que nada tienen que ver con él. Hay problemas familiares o económicos que generan frustración y, por tanto, agresividad, y a los que se les puede ofrecer un objeto distante sobre el que
15 Samir Amin, “Islam político y globalización imperialista”, La Jornada (México), 17 de octubre de 2001. 16 José María Tortosa, “La palabra terrorista”, en VV.AA., Afrontar el terrorismo, Fundación Seminario de Investigación para la Paz, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2006, págs. 31-62. 17 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 18 En el periódico El Mundo (14 de mayo de 2006) se llega a afirmar, al parecer con fundamento, que Al Qaeda, a estas alturas, funciona más como una “franquicia” (sic) que como una estructura piramidal muy organizada. 19 Un buen ejemplo de este reduccionismo es el de Alan M. Dershowitz, Why terrorism works. Understanding the threat, responding to the chellenge, Yale University Press, 2002. 20 Pew Research Center, 14 de julio de 2005. 21 La distribución geográfica del Islam como religión mayoritaria ha de ser relacionada con el petróleo, Israel, Turquía (OTAN y Unión Europea) y Xinjiang, provincia occidental china, petrolera, musulmana y separatista.
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descargar esos reveses de manera inocua. Cuidado con los que quieran enardecerle, sean cristianos o musulmanes. 2.- No se deje guiar por las apariencias. Las apariencias (es un lugar común) engañan y con ellas se engaña. Busque los hechos verificables. Procure situarlos en la coyuntura política danesa en pleno cambio como en otros sistemas políticos europeos cada vez más xenófobos. Tan xenófobos, en algunos casos, como algunos musulmanes. Y, por supuesto, sitúelos en las coyunturas políticas de los países árabes interesados en hacer olvidar otros asuntos internos (Egipto, Jordania, Siria, Arabia Saudita). 3.- Busque la claridad, pero desconfíe si está todo claro. El mundo es complicado y por eso la reflexión procura clarificarlo. Pero sin pasarse: cuando las cosas se ven demasiado claras es que hemos saltado de la necesaria simplificación al simplismo que tampoco explica nada. Los hechos son tozudos. El simplismo, porque moviliza más que el análisis, produce la sospecha razonable de que implica manipulación. 4.- Evite las cómodas simplificaciones del “nosotros” (buenos por definición) frente a “ellos” (casi siempre malos). El convertir lo de las caricaturas en “democracia” frente al “mundo musulmán” o en la umma frente a los Cruzados es una de ellas. Suele haber más de dos bandos. El maniqueísmo no es buen consejero para ninguno. 5.- Evite adjudicar a todo un colectivo lo que son comportamientos de una parte del mismo. Por ejemplo, por el hecho de que clérigos musulmanes y autoridades de países árabes hayan reprobado los disturbios, no piense que todos son iguales. Y, al revés, no concluya que “todos los musulmanes son iguales” a partir de la visión televisiva de actos “antioccidentales” y fanáticos. Hay maquiavelos en todos lados. 6.- Cuidado con las personalizaciones. Decir “que no venga un ayatolá a decirme que no puedo hacer tal cosa” hará que usted se emocione todavía más, pero no que usted comprenda. Ningún ayatolá va a venir a decirle nada. Encima, ha habido de todo. Según el “New York Times” algunos clérigos fundamentalistas ¡daneses! habrían recorrido el Oriente Medio enseñando caricaturas todavía peores que las originales aunque lo ahora lo niegan, mientras otros (árabes) han condenado lo desaforado de la reacción. No es tan sencillo saber quién encendió la mecha. En todo caso, no iba contra usted. 7.- Establezca una secuencia de los hechos y no empiece nunca por lo más dramático. Por ejemplo: las caricaturas provocadoras se publican en septiembre de 2005, Sharon es hospitalizado en diciembre, la victoria de Hamás en Palestina fue en enero de 2005 y entonces, y sólo entonces, comienzan las reacciones, al mismo tiempo en que George W. Bush, en su discurso sobre el Estado de la Unión, declara la guerra al “islam radical”. Pero todo esto viene de mucho más lejos. 8.- Pregúntese quién sale ganando. Condoleeza Rice dice que esto favorece a Irán y Siria. Otros dicen que favorece a Israel que controla una parte del presupuesto de la Autoridad Palestina aunque ésta depende de las donaciones de la Unión Europea en cuyos periódicos precisamente se publican esas cosas. Los que salen ganando no tienen por qué ser los provocadores iniciales, pero sí los interesados en que siga y se agrande. Insisto en que ya pasaba cuando el enemigo era el comunismo, no se olvide. Si a usted le tomaron el pelo entonces, no me vuelva a caer en las mismas.
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9.- No crea que “si lo estás viendo, es que está pasando”. Ciertas presencias de fotógrafos y cámaras son sospechosas, y 200 personas pueden ser filmadas de forma que parezcan todo un país. Y no lo son. Pregúntese “qué está pasando y no estás viendo”: así, hay iglesias cristianas en casi todo el mundo musulmán (sirios maronitas, palestinos católicos, egipcios coptos, iraquíes “new born”, paquistaníes anglicanos, kuwaitíes de diversas confesiones) aunque en mayores aprietos en Arabia Saudita, aliado de los Estados Unidos. 10.- La pasión, en su sitio. Buena para la creación artística y para la defensa de una causa, no lo es para el análisis racional de emociones y sensaciones como quería la Ilustración. Ahora bien, todo el mundo sabe que la Ilustración está superada y que ahora somos post-modernos. De todos modos, convendrá recordar que al mismo periódico danés se le propuso, en abril de 2003, publicar unas caricaturas de Jesús de Nazaret, cosa que se rechazó porque se daba por supuesto que el lector medio no iba a entender el caso. Curioso ejemplo de defensa de la libertad de expresión. El islamismo político radical, que se supone es la gran amenaza a la paz mundial, forma un conjunto muy heterogéneo y es preciso intentar entenderlo sin simplificaciones más o menos interesadas. De hecho, es frecuente recurrir al papel de las ideas religiosas en la acción social: partiendo de lecturas fundamentalistas (literales) del Corán, algunos no musulmanes encuentran en el Libro el origen del “mal musulmán”. Con independencia de que, encuesta tras encuesta, las poblaciones árabes o de países de fuerte implantación musulmana defienden y apoyan la democracia, estos hermeneutas afirman la incompatibilidad radical entre creencias musulmanes y democracia. No tiene mucho sentido tal propósito22, como tampoco lo tendría deducir de una lectura interesada de la Biblia judía o cristiana la incapacidad intrínseca del judaísmo o del cristianismo para la tolerancia, la noviolencia, la paz, la comprensión o la mansedumbre. No todos los judíos o cristianos son así, ni todos los musulmanes. Pero el origen no puede quedar reducido a las ideas religiosas transmitidas por el Kitab23. Hay casos en que el islamismo político es, en realidad, el vocabulario que encuentran disponible los descontentos con el funcionamiento de sus sociedades y de las rapiñas de sus respectivas elites y no tanto de los “cruzados”. La causa está en otro sitio, no en las ideas, por más que éstas ayuden. Viendo los casos tan heterogéneos que se han producido, parece que, además de estos factores ideales, hay que incluir algunos factores reales. La pobreza y la desigualdad no son “causa”, pero sí, por lo menos, caldo de cultivo para que aparezcan estos movimientos como se reconoce en la National Strategy for Combating Terrorism24 firmada por George W. Bush en febrero de 2003. También cuenta la inadaptación a nuevos contextos sea por poco interés propio sea por rechazo de la sociedad receptora y, ciertamente y después de la ocupación de Iraq, la reacción ante la humillación, las torturas y las profanaciones, cuando no las
22 Mahmood Mamdani, “From piety to politics”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 23 En este sentido, es ilegítimo deducir que si hay presencia de comunidades wahabitas o de madrasas financiadas por Arabia Saudita en un determinado territorio, pongamos Chiapas, ya por eso todos esos musulmanes son “terroristas” o, lo que sería todavía más discutible, los zapatistas son sospechosos de connivencia con este “terrorismo”. 24 Accesible en www.whitehouse.gov/news/releases/2003/02/counter_terrorism/counter_terrorism_strategy.pdf
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provocaciones desde fuera o las manipulaciones de los propios gobiernos árabes. Como muestra el caso a propósito de las caricaturas del “Jyllands-Posten”, reproducidas después en otros medios, no es tan sencillo atribuir una sola causa a fenómenos tan complejos ni, mucho menos, reducirla a una mera cuestión de libertad de expresión que los mismos actores no reconocen para otros asuntos25. A mayor abundamiento, las consideraciones sobre los orígenes no agotan las preguntas sobre este tipo particular de islamismo. Es legítimo preguntarse por sus posibles propósitos u objetivos. Los inicios pueden remontarse a 1996 o 1998 cuando se firmó el acuerdo del “Frente Islámico Mundial para la Yihad contra los Judíos y los Cruzados”26. El primer y más evidente objetivo es el de utilizar ese instrumento (el terrorismo es un medio, no una ideología) para influir o reaccionar en las relaciones “Norte-Sur”. No se excluye la venganza (por lo menos eso dicen los videos o mensajes por internet atribuidos a Al Qaeda o a Osama ben Laden) o la recomposición de esas relaciones sin que, por cierto, se plantee una alternativa al capitalismo. El segundo, y normalmente olvidado en el Norte, es el de influir en determinados países con mayoría islámica como Arabia Saudita, Marruecos, Pakistán, Egipto o Jordania que han sido objeto de ataques terroristas como los Estados Unidos, España o Inglaterra. Finalmente, el ataque terrorista busca el reconocimiento de la organización y funciona como una forma de lograr notoriedad y, así, ampliar sus bases sociales hoy por hoy muy minoritarias a lo que parece. 3.- La lógica de las cosas Las ideas y percepciones, como se ha venido apuntando, no existen ajenas a su contexto material. El mundo contemporáneo es un mal caldo de cultivo para comprender al diferente. Un mes antes de las elecciones italianas del 9 de abril de 2006, Umberto Eco escribía27: No hay descontento, por justificable que sea, que pueda equipararse con el temor de una involución fatal de nuestra democracia, con la indignación que siente todo demócrata sincero frente al estrago que se ha hecho con las leyes, la división de poderes, el sentido mismo del Estado. Es esto lo que todos nosotros debemos repetir a los amigos indecisos y desilusionados. De ellos y de su compromiso dependerá que Italia se libre de seguir siendo durante otros cinco años territorio de rapiña de defensores de sus intereses privados… El estrago al que se refería Eco personalizándolo en Berlusconi (que, por cierto, perdió por unos escasos 20.000 votos) no sería muy diferente del que otros observadores en otros países podrían constatar sobre su propio sistema político donde el respeto a las leyes, la división de poderes y el mismo sentido del Estado se encuentran en dificultades. En todo caso, y con independencia de estos extremos, sí son detectables, a escala mundial, casos de desencanto con la democracia que tal vez sean ya mayoritarios pues fuerte es la presión que lleva hacia
25 Es el caso del carácter delictivo que tiene en Francia, Alemania y España la mera discusión científica (empírica) sobre la existencia y alcance de la “shoah”, el holocausto de los judíos a manos nazis o el rechazo, en enero de 2003 según informó The Nation, de la publicación de caricaturas de Jesús de Nazaret en el mismo periódico danés en que se publicaron las del profeta Mahoma. 26 Raffi Khatchadourian, “Behind enemy lines”, The Nation, 15 de mayo de 2006. 27 Umberto Eco, “Salvemos la democracia” en libertaegiustizia.it, con traducción al castellano accesible en www.rebelion.org/noticia.php?id=27918
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esa desilusión y que es observable por lo menos desde el llamado síndrome del 11-S28. Vayan algunos datos que toman ciudadanía en su sentido más general, preocupado menos por las formalidades de inclusión en el rango administrativo de ciudadano y sí preocupado por la relación entre el individuo y su sistema político. Se puede comenzar por la serie del Latinobarómetro. Con datos de 2005, los latinoamericanos encuestados no se muestran particularmente contentos con su democracia. Preguntados sobre su país y con la opción entre un 0 (no democrático) y un 10 (totalmente democrático), la media se encuentra en un 5,5, con algunos países claramente por encima de dicha media (Venezuela -7,6 que es la calificación más alta-, Costa Rica, Uruguay y Chile, por ese orden) y otros claramente por debajo de la misma (Perú, Nicaragua, Ecuador y Paraguay -4,2 que es la nota más baja-). Puesto en términos temporales, aunque la tendencia no es clara desde 1996 que comienzan estos Latinobarómetros, es difícil sustraerse a la impresión de que puestos en la disyuntiva entre democracia y dictadura (“La democracia es preferible a cualquier otro gobierno”, “Bajo ninguna circunstancia apoyaría a un gobierno militar”) la tendencia juega contra la democracia aunque con notables diferencias de país a país. México es el país en el que más disminuye el porcentaje de los que creen que “en determinadas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático” hasta quedar en un 13 por ciento de los encuestados mientas que el Paraguay es el país en el que más aumenta hasta alcanzar el 44 por ciento de la población. Los siete países analizados por el Pew Research Center (estudio publicado el 5 de enero de 2006) muestran algo semejante. En cuatro de ellos (Marruecos, el Líbano, Turquía, Indonesia y Jordania), son más los que creen que hay que apoyarse en gobiernos democráticos antes que en un liderazgo fuerte. En Marruecos, incluso se alcanza un 73 por ciento de favorables a un gobierno democrático. Sin embargo, en Pakistán y en Rusia sucede lo contrario: son más (53 y 66 por ciento respectivamente) los que prefieren un liderazgo fuerte antes que un gobierno democrático. No es, con sus luces y sombras29, un malestar exclusivo de algunos países latinoamericanos o árabes. Desde 1976, los Eurobarómetros hacen oscilar el porcentaje de los satisfechos con el funcionamiento de su democracia en torno al 50 por ciento aunque con baches, en los años 90, en los que se ha bajado del 40 por ciento. También aquí hay diferencias entre países (en Italia aparecen porcentajes de satisfacción que llegan a un mínimo del 10 por ciento aunque, a pesar de lo dicho por Eco, recuperándose en los últimos años) e incluso dentro de países como es el caso de la unificada Alemania en la que el porcentaje de satisfechos con la democracia es sensiblemente mayor en el territorio de la antigua Alemania Federal que en la antigua Alemania del Este. La situación española tampoco es excepcional. En el barómetro 2.633 de enero de 2006 el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntaba qué dos clases de sentimientos le inspiraba principalmente la política al entrevistado. Las respuestas eran inequívocas: el
28 José María Tortosa, “Elementos fascistas en el síndrome del ’11 de septiembre’”, Sistema (Madrid), 167 (2002) 41-55. 29 Véase Aníbal Quijano, “El laberinto de América Latina: ¿Hay otras salidas?”, Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, X, 1 (2004) 75-97.
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entusiasmo, el compromiso y el interés por la política, no alcanzaban a la cuarta parte de los entrevistados frente a un 30 por ciento al que la política produce desconfianza, 15 por ciento aburrimiento, 18 indiferencia e incluso, en casi un 8 por ciento, irritación. Los Estados Unidos no están exentos de problemas30. Un estudio de Harris Interactive (publicado el 2 de marzo de 2006) mostraba bien a las claras en quiénes confiaban los estadounidenses entrevistados: en los últimos 6 años, el Congreso y el ejecutivo federal se encontraban entre los puestos más bajos mientras que el máximo de confianza lo obtenía el ejército. Pero, en todo caso, con clara tendencia decreciente incluso para el ejército que, aunque en 2006 alcanzaba la confianza del 47 por ciento de los encuestados, se encontraba bien lejos del 71 por ciento que había alcanzado en 2002. La Casa Blanca obtenía la confianza del 25 por ciento de los entrevistados (el Congreso del 10 por ciento), la mitad de lo obtenido en 2002. Por seguir con el caso de los Estados Unidos (pero aplicable a muchos otros, por no decir a todos) está el grado de engaño al que los gobernantes someten a sus ciudadanos y que éstos aceptan gracias a la ayuda de los medios de comunicación de masas. Tal vez el caso más evidente sea el porcentaje excesivamente alto de estadounidenses que todavía cree que Sadam Husein tenia armas de destrucción masiva (26 % en diciembre de 2005, habiéndose reducido desde el 41 % que lo llegó a opinar en octubre de 2004), el 41 % que todavía creía que Husein tenía lazos con Al Qaeda y el 24 % que creía que varios secuestradores del ataque del 11-S eran iraquíes (24 % en diciembre de 2005, pero 44 por ciento en febrero de ese mismo año)31. Las encuestas hechas a soldados estadounidenses ocupando Iraq sobre el por qué se encuentran en el país eran también reveladoras32: Un 93 % afirmaba que no era por la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, pero un 85 % decía que era como “represalia por el papel de Sadam Husein en el 11-S”, un 77 % que se trataba de “detener la ayuda de Sadam a Al Qaeda en Iraq” y ya, en porcentajes mejores, que se trataba de “establecer una democracia que pueda ser un modelo para el mundo árabe” (24 %), asegurar el abastecimiento de petróleo (11 %) y proporcionar bases a largo plazo para las tropas estadounidenses en la región (6 %). El desencanto con la democracia parece que guarda una relación, como sugiere Umberto Eco, con el nivel de corrupción que los ciudadanos perciben en su vida cotidiana y en sus medios de comunicación. No se trata, obviamente, del muy discutible “índice de (percepción de la) corrupción” que publicita todos los años Transparencia Internacional y del que hay abundantes motivos para dudar. En todo caso, no es un índice de corrupción como parecen suponer algunos informes sino de percepción, desde fuera, de la corrupción, con las más que probables secuelas de profecía que se autorrealiza y con los evidentes errores al comparar las pequeñas corrupciones (“mordidas”) con la corrupción generalizada utilizando el gobierno federal como se sabe sucede en los países enriquecidos y, en concreto, en los Estados
30 Véase José María Tortosa, Democracia made in USA. Un modelo político en cuestión, Barcelona, Icaria, 2004. No deja de ser curioso que los gobiernos de países árabes más cercanos al gobierno de los Estados Unidos se encuentren, en muchos casos, entre los menos democráticos, como es el caso de la Unión de Emiratos Árabes, Arabia Saudita o Kuwait. 31 The Harris Poll, difundido el 29 de diciembre de 2005. 32 Le Moyne College/Zogby Poll, publicada el 28 de febrero de 2006.
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Unidos33 y los supuestos “índices” no reflejan34. Tal vez, diga lo que diga Transparencia Internacional y su supuesto y poco fiable “índice de (percepción de la) corrupción”, el porcentaje de gente que practica la corrupción sea mayor en Cuba, según denuncia Fidel Castro, que en los Estados Unidos, pero el porcentaje de dinero corrupto sobre el Producto Interno Bruto es, casi con certeza, menor. El nivel de corrupción empresarial es, realmente, considerable en los Estados Unidos siendo visibles y bien documentados los logros de contratos gubernamentales sin licitación, abusivos y sin control además de la corrupción convencional (venta de favores políticos a cambio de dinero) con casos como Abramoff, DeLay o las empresas de los actuales gobernantes que empequeñecen las mini-corrupciones de otros países. Aquello sí que es “business politics”, política de los negocios. Este asunto tiene particular trascendencia para el siguiente tema: de hecho, en el estudio “Recursos mundiales 2006: La riqueza del pobre” resultado conjunto del PNUMA, PNUD, BM e IRM, quedaba claro que a escala de la comunidad, los pobres consideraban mucho más eficaces a las organizaciones propias, a las instituciones religiosas y a las ONG muy por encima de Ayuntamientos y Ministerios que recibían los porcentajes más altos de respuestas en el sentido de considerarlos menos eficaces. Si todo esto es así, la emergencia de partidos antidemocráticos y xenófobos es comprensible. Mucho más si la “crisis de las democracias” va acompañada de pobreza y violencia. Para no llamarse a engaño, conviene percatarse de que el discurso sobre el desarrollo, dominante en los años 60-70, ha ido disminuyendo, siendo sustituido primero por “cooperación al desarrollo”, después por “cooperación” tout court o también “ayudas” y, al ver que ésta tampoco funcionaba, fue sustituida por “lucha contra la pobreza” para terminar, en muchos casos, en una sencilla y técnica “lucha contra el hambre” que no pone en cuestión los mecanismos que la producen y se queda en la De subventione pauperun sive de humanis necessitatibus (1526) de Luís Vives. Los mapas de la pobreza son bastante coherentes si ponemos en el gráfico la población que vive con menos del equivalente a 2 dólares USA al día que es una de las medidas que usa el Banco Mundial, el porcentaje de población subnutrida según la FAO o el consumo insuficiente de calorías por persona y día que también calcula la FAO. Sobrealimentados y con problemas de sobrepeso en un lado y muerte por hambre en el otro. Es difícil saber si estas cifras han aumentado o disminuido en los últimos tiempos. Son, obviamente, datos de difícil logro y pueden ser manipulados interesadamente de maneras muy distintas. Tomando los datos del Banco Mundial como buenos (cosa que, hay que insistir, produce muchas reticencias), sí parece que ha aumentado el número absoluto de personas que no llega al equivalente a los 2 dólares USA al día (a paridad de poder adquisitivo, que es donde reside una de las dificultades del cálculo). Entre 1991 y 2001 -último dato ofrecido por el Banco- el porcentaje habría disminuido (en todo caso, estaríamos hablando de más del 50 por ciento), pero la cifra absoluta habría aumentado. Visto este contexto, no tendría que 33 Algunos ejemplos al azar y de medios diferentes: Mark Rice-Oxley, “Why graft thrives in postconflict zones”, The Christian Science Monitor, 17 de marzo de 2005; Craig S. Smith, “Poor planning and corruption hobble the rebuilding of Iraq”, The New York Times, 17 de septiembre de 2005; Richard Cohen, “Culture of intellectual corruption”, The Washington Post, 9 de marzo de 2006. 34 Véase VV.AA., Vicios públicos. Poder y corrupción, Óscar Ugarteche comp., México, Fondo de Cultura Económica, 2005 y, en particular, la contribución de Miguel Ángel Mateo, “Corrupción política. Enfoques y desenfoques desde la cultura, la economía y la propia política”, págs. 307-328.
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extrañar que tuviese efectos sobre los niveles de violencia en el mundo. Sin embargo no es exactamente así. Es cierto que la violencia, medida como tasa de homicidios por 100.000 habitantes, y con las anomalías de algunos sucesos puntuales como Lesoto en 1976 y Ruanda en 1994, parece haber iniciado un ligero ascenso en los últimos 10 años, con claras diferencias por regiones y, en particular, con aumentos más claros si se separan las tasas de los países centrales y las de los periféricos, siendo el aumento en estos últimos mucho más claro, lo cual ya tendría que llamar a reflexión. También es cierto que, si se trata de número de muertes en conflictos armados o porcentaje de las mismas sobre el total de la población mundial, el incremento que supuso el siglo XX sobre los anteriores es ciertamente visible. El Informe sobre el Desarrollo Humano 2005, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se encargaba de documentarlo. El siglo XX habría producido casi 10 veces más muertos que el siglo XIX (109 millones según esos cálculos) y su porcentaje habría ascendido a más del 4 por ciento frente al 1,6 que había supuesto el siglo XIX, con el agravante de que, progresivamente, las guerras han tenido cada vez más víctimas civiles (niños y mujeres sobre todo). Sin embargo, la mayoría de intentos de cuantificar las tendencias generales en lo que se refiere a conflictos violentos o conflictos por la autodeterminación, dan, partiendo de 1950, un paulatino incremento en todas las variables consideradas, cosa que deja de suceder a partir de los años 90, en torno a los avatares de la Unión Soviética (1989, caída del Muro del Berlín; 1991 colapso del PCUS y, con él, de la Unión Soviética). Curiosamente, lo mismo se podía decir a propósito de los ataques terroristas documentados por el estadounidense “National Counterterrorism Center”: con un máximo en 1987 y un segundo puesto para 1991, es difícil sustraerse a la impresión de que los ataques terroristas estaban disminuyendo incluso contando hechos extremos, publicitados y de dudosa catalogación como el 11 de septiembre de 2001. De todas maneras, parece ser que algo ha cambiado, como ya se ha dicho. Según los cálculos del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, en 2003 habría habido 172 ataques significativos a escala mundial... pero 655 en 2004 y 11.111 en 2005. Es decir, que la invasión de Afganistán primero y la ocupación de Iraq después habrían sido un detonante para un aumento de violencia de tipo terrorista hasta alcanzar los niveles más altos que la publicación había obtenido históricamente. No toda la opinión pública conocida estaría igualmente de acuerdo con estos propósitos. Entre los 36 países estudiados para World Public Opinion con datos publicados el 27 de febrero de 2006, México destacaba por tener el mayor porcentaje de los que pensaban que la ocupación de no había influido en el aumento de ataques terroristas. Le seguían, a mucha distancia, los Estados Unidos, Brasil, Canadá y Rusia. Egipto, la China y Corea del Sur presentaban mayores porcentajes de gente que opinaba que sí había influido. Nigeria, Tanzania y Kenia, por su parte, daban porcentajes relativamente más altos en el sentido de opinar que la guerra de Iraq había influido en la disminución del terrorismo. La lógica de las cosas o, si se prefiere, el enfoque “materialista” sobre el problema de la xenofobia, tiene que incluir un último elemento que favorece la incomprensión del diferente y
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es el fenómeno, a escala mundial, de unas clases medias menguantes y asustadas35. Sus frustraciones, inseguridades y temores son un caldo de cultivo para la manipulación de su potencial xenófobo. Cierto que lo que se haga por fomentar la comprensión del diferente, según la perspectiva “idealista”, será, desde el punto de vista de la convivencia pacífica, mejor que si no se hace. Pero estos intentos por comprender serán poco eficaces si no van acompañados por intentos, igualmente decididos, de afrontar las cuestiones no sólo de la ciudadanía, la pobreza o la violencia sino, sobre todo, los efectos que sobre las clases medias está teniendo, sin ir más lejos, en ambas orillas del Mediterráneo y en ambas orillas del Atlántico.
35 Véase José María Tortosa, “De nuevo el nuevo (des)orden mundial”, VV.AA., Agenda de la globalización. Problemas, Francisco Jarauta ed., Foro de la Mundialización, Murcia, Fundación Cajamurcia, 2005, págs. 15-47.
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